Su segundo puesto en el Gran Premio Carlos Pellegrini, del sábado último en el hipódromo del Jockey Club, quedará en los libros como la última carrera que corrió Jorge Valdivieso, pero no se sabe aún cuándo terminará realmente de despedirse.
Ayer, por la mañana, estuvo trotando en San Isidro, para perder unos kilos, y por la tarde visitó La Plata, pues la fecha de carreras en el hipódromo de esa ciudad fue de punta a punta en homenaje al jockey argentino más famoso.
"Quieren verme saltar y voy a hacer un paseo frente a las tribunas, por lo que me estuve cuidando", reveló. Su forma de montar, cayendo sobre la montura del caballo con las rodillas, es un clásico, y en el Bosque esperaban ver esa imagen una vez más.
"A los studs estoy yendo desde hace tiempo, pero vamos a ver si aprendo a cuidar y me dedico a eso", comentó respecto de su futuro, pero no se animó a decir a qué jinete le daría para montar sus caballos. Sí, en cambio, pronosticó que Jorge Ricardo ganaría el Olimpia, tal como sucedería por la noche. A la fiesta del deporte no estaba invitado.
Lo esperaban en La Plata. Llegó al hipódromo alrededor de las 17.30, se metió en el cuarto de jockeys y tomó mate con sus colegas y los empleados. Cuando salió lucía la chaquetilla de El Gusy, de Juan Garat, el propietario del caballo con el que logró ascender a jockey en el Bosque, y en la pista ahora lo esperaba Meneo, un caballo entrenado por Cléber Sanguinetti. No era para correr, sino para mostrarse en la pista por última vez frente al público platense. La idea fue muy buena, pero la escasa difusión no permitió que el marco de público fuera mayor que el habitual de los martes.
Recibió una plaqueta y el aplauso de la gente y al correrse el handicap con su nombre, Luis Stoppini, el jinete ganador, festejó como si fuera un gran premio, parado en los estribos de la yegua Deseada Pet.
"Este triunfo es lo mejor que me ha brindado el turf. La victoria está dedicada al gran maestro de todos nosotros", confesó Stoppini, mientras a Valdi le llegaban invitaciones para ir a Mendoza y a Azul. Nunca terminará de despedirse.
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