El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

viernes, 28 de marzo de 2008

España, 'Cavalia', susurrando a los caballos

'Cavalia', susurrando a los caballos.

'Cavalia', susurrando a los caballos
Frédéric Pignon junto a uno de sus caballos durante el espectáculo.
'Cavalia', susurrando a los caballos
Acrobacias y doma se unen en uno de los instantes más plásticos de la función.

'Cavalia', susurrando a los caballos
Diversos momentos del espectáculo. Arriba a la derecha, Magali Delgado, especialista en doma y directora ecuestre de 'Cavalia'.

'Cavalia', susurrando a los caballos

Bilbao acogerá durante once días este macroespectáculo de uno de los creadores del Circo del Sol, en el que más de sesenta caballos y treinta artistas forman un colorista montaje
SAN SEBASTIÁN. DV. Crear un espacio donde el hombre y el caballo puedan expresarse fue el deseo que impulsó al canadiense Norman Latourelle, uno de los fundadores del Circo del Sol, donde trabajó hasta 1990, a crear Cavalia. Un millón y medio de espectadores han visto ya el espectacular montaje donde caballos y artistas producen momentos de intensa belleza y emoción.
Preparado para un público familiar, mezcla las acrobacias, la doma, la espectacularidad de los grandes montajes audiovisuales o los detalles más íntimos que los hermosos caballos protagonizan junto a sus cuidadores. Todos esos mundos están en Cavalia, un contraste que el espectador encontrará desde su llegada al recinto, ocupado por una carpa que tiene la altura de un edificio de diez pisos, dentro de la cual caben 2.000 espectadores. Pero la sensación que ofrece una vez dentro es bien diferente, y tiene la virtud de contar con un escenario recogido, casi teatral a pesar de sus 50 metros de largo. El comienzo del espectáculo da una buena pista de lo que se va a ver: unos pequeños caballos de juguete, iluminados cenitalmente, se dejan sobre la arena.
De pronto dos potros entran al galope, libres, sin correajes ni jinetes. Se llaman Tempero y Tigrino, tienen seis meses y son los «niños» de Cavalia a los que todo el mundo mima. Con su presencia, la magia del espectáculo ya está en marcha y no cesará durante las dos horas largas que dura.
Que el escenario -sobre el que hay esparcidas 2.500 toneladas de arena, no sea redondo como suele ser habitual trabajando con caballos no es casualidad. Latourelle explica que en una pista redonda «el caballo está siempre controlado, aquí se puede expresar».
Hay tres tipos de números. En el más espectacular y divertido, jinetes y animales ofrecen alocadas carreras y espectaculares movimientos arriesgados que recuerdan a los que estamos acostumbrados a ver en las películas del Oeste. Hay otro apartado, mucho más relajado, en el que vemos números de doma en los que los pura sangre demuestran sus habilidades, conservando siempre una estética y movimientos acompasados con la música y con las proyecciones que aparecen en una enorme pantalla semicircular de 70 metros de ancho que forma el fondo del escenario.
Nueve razas diferentes
Otra parte de Cavalia se centra en el diálogo entre el hombre y el caballo. Los animales están desnudos de aparejos. Responden a las palabras y las caricias de su domador-acompañante. La sintonía que se establece hace que el silencio y admiración de 2.000 personas acompañen sus movimientos.
Pero para que toda esa magia sea una realidad, hay un trabajo enorme detrás. Una pequeña ciudad en la que se mueven las 120 personas que forman Cavalia y las 200 que se suman en cada localidad a la que llegan. Sólo en los establos hay veinte profesionales trabajando. Para transportar el material hacen falta setenta y cinco camiones y son necesarios doce días para montar las carpas, que en total son siete, entre las que destacan, además de la gran carpa para el espectáculo, la de entrenamiento o la que alberga las cuadras, con 1.550 metros cuadrados.
Cuando se cambia de continente hay que alquilar un Boeing 747 para trasladar a los caballos. Y entre ciudad y ciudad se deja un mínimo de quince días y se alquilan prados para los animales. Como curiosidades, los 800 kilos de zanahorias al año o las 17.500 pacas de heno y los 16.500 kilos de pienso que comen los más sesenta caballos que en estos momentos tiene Cavalia.
Más de la mitad de ellos son sementales. Pertenecen a las razas apalosa, canadiense, belga, frisón, lusitano, percherón, cuarto de milla, sangre templada y pura raza española. Los caballos lusitanos nacieron y se han criado en la finca de la familia de Magali Delgado, situada en el sur de Francia, cerca de Avignon. Los demás son originarios de Canadá, España y Estados Unidos. Los más jóvenes son los ya citados Tempero y Tigrino, con seis meses. El mayor, Templado, tiene 22 años, y aunque ya no participa en el espectáculo viaja siempre con ellos. Veinte personas, incluidos un herrero y dos veterinarios son sus cuidadores. Y sus «padres», porque como tales se comportan con ellos, son la pareja formada por Frédéric Pignon y Magali Delgado. Son el corazón de Cavalia y verles en las cuadras es tan interesante o más que apreciar su delicado trabajo en el escenario.
Una pequeña orquesta de siete miembros y una cantante ponen la música en directo. Treinta y siete artistas forman la parte «humana» del espectáculo, muchos de ellos acróbatas que realizan atrevidos números tanto en solitario como junto a los caballos. El despliegue tecnológico hace el resto. Pero Norman Latourelle explica que «la tecnología queda aquí detrás de los artistas». Lo importante es la alta temperatura emotiva que se va a encontrar el público. «Si conoces a los caballos adoras Cavalia, si no los conoces te va a gustar», explica Norman. Y seguro que también van a sorprender.
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