El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

domingo, 17 de agosto de 2008

Jarred Jones, el primer blanco que habitó en el Nahuel Huapi

Rio Negro On Line - Río Negro, Argentina



En 1890 inició la primera explotación ganadera a orillas de ese lago, en la naciente del Limay. En 1908, título en mano, alambró su campo tras resolver un litigio por las tierras con George Newbery. En 1903 con el irlandés Enrique Neil abrieron un almacén de ramos generales: "La Carolina".

Jarred Augustus Jones nació en Texas y murió en Bariloche. Los misteriosos caminos de la vida lo trajeron al Nahuel Huapi. Aquí hizo lo que sabía hacer: clavar la vista en el ancho horizonte, montar a caballo y cuidar del ganado con maestría.

Jones había nacido en Bosque County en 1863 y vivió allí hasta que quedó huérfano, a los 13 años. Su padre Sutles Jones murió en 1876 y su madre, Eliza, en 1880. Según Matilde Jones, la segunda hija de Jarred con Bárbara Draschler, su abuela paterna era maestra y sus abuelos trabajaban la tierra allí, donde Jones se hizo vaquero.

Desde su infancia Jarred cultivó una amistad con John Crockett, descendiente del cazador de zorros Davy Crockett inmortalizado en una canción y algún filme en blanco y negro que hemos visto. Juntos aprendieron a domar potros, enlazar vacas, pepear oro, cazar búfalos y encerrar hacienda baguala en La Florida.

Andrés, uno de los hijos de Jones, contó mil veces que su padre había conocido a Búfalo Bill. Un detalle más en su biografía, plagada de aventuras.

Salió de su país con su amigo Crockett. Embarcaron en 1884 en Nueva York con destino a América del Sur. Como no había barcos que los trajeran directamente aquí, hicieron escala en Inglaterra antes de arribar a Brasil.

Tenían 18 años. Subieron al barco con una única pertenencia: sus mochilas. No sabían leer ni escribir. Cuentan sus nietas que a su abuelo le enseñó a hacerlo el capitán del barco.

"En ese barco tuvieron la suerte de viajar con el emperador de Brasil y se hicieron amigos. Cuando bajaron en Río de Janeiro el emperador les puso un coche con caballos a disposición para recorrer la ciudad", cuenta Edith Jones, su nuera.

La bahía de Guanabara era colosal, pero el clima les resultó imposible de soportar. En Brasil estuvieron un puñado de días. Visitaron a unos conocidos, quienes terminaron de convencerlos de irse de ese país ardiente y peligroso.

Los jóvenes estaban interesados en las piedras preciosas de Brasil; en realidad Crockett lo estaba, porque a Jones lo desvelaba un sueño de praderas verdes. Indudablemente pesó la amistad, pues siguieron hacia el sur: "Estando en Brasil alguien les sugirió que vinieran a la Argentina -cuenta su nieta Carol Jones, quien creció en la

primera casa que construyó su abuelo en la naciente del Limay-. Cuando le dijeron a mi abuelo que éste era un país con vacas se decidió inmediatamente a venir. Él era de ese mundo. Anduvieron por Paraguay y después bajaron a Chaco, pero no les gustó y se decidieron por Buenos Aires".

John tenía un pariente en la Argentina que estaba asociado a dos americanos, Ralph y George Newbery, cuya compañía -Newbery&Crockett- por entonces hacía arreos de ganado desde la Pampa Húmeda hacia Chile. "Papá fue capataz de los Newbery en las tropas que arreaba a Chile", cuenta Andrés Jones.

Pero los amigos hicieron algunas pruebas más antes de aventurarse a la Patagonia. Aprendieron a hacer ladrillos y construcciones y en un pueblo de la provincia de Buenos Aires desempeñaron esta actividad hasta que un día se hizo un gran rodeo de caballos salvajes con jineteada al que Jarred, por supuesto, asistió.

"El cónsul o alguien sugirió que mi suegro montara un caballo -relata Edith Jones, esposa de Andrés-. Montó, el caballo salió hecho una furia y en una vuelta se destungó y murió. Mi suegro volvió con la montura al hombro. Unos ingleses que lo vieron se impresionaron por sus habilidades y le ofrecieron trabajo; estaban poniendo la estancia de los ingleses en Leleque. Ese día lo contrataron para traer unas vacas hasta Chubut".

Jones hizo varios arreos hacia el sur. Vio que este lugar no estaba poblado y pensó que era su oportunidad. Tenía 25 años y tomó la decisión de convertirse en pionero. Fue el primer hombre blanco en asentarse en esa región.

Jarred contó en una entrevista al periódico de Bariloche "La Voz Andina", en 1941, que había llegado a la Argentina en enero de 1884 y que desde que había puesto un pie en el Nahuel Huapi, alrededor de 1889, había sumado 18.000 hectáreas, primitivamente tierras fiscales sobre las que se había instalado medio siglo antes.

Su primer viaje al sur fue en 1888 y se instaló en la zona en 1890. Después de dedicarse un tiempo al tráfico de ganado en pie a Chile, decidió establecer una explotación ganadera en tierras que antes de la conquista habían pertenecido a Modesto Inacayal (ver "Historia de acá"). "Cuando llegó mi suegro acá todavía estaba la huerta de Inacayal. Cuando lo llevaron prisionero, cerró sus corrales, atendió su huerta y dejó todo como si al otro día fuera a volver. ¡Qué persona de honor! Aun vencido se preocupó por sus animales y por sus plantas. Es un relato muy conmovedor", afirma Edith Jones.

Jarred Jones se instaló en cercanías del Fortín Chacabuco y desde el sur de Chile lo hicieron poco después los alemanes José Tauschek, Jorge Hube y Carlos Wiederholdt.

Cuentan sus nietas Carol y Virginia ("Gini") Jones: "El abuelo llegó buscando tierras; pasaba con ganado hacia Chile y le gustó el lugar. Un día vino con una puntita de vacas, se las dejó encargadas a alguien y un tiempito después se radicó".

"Se casó con Bárbara Draschler. La conoció en Chile y se la trajo. Los paisanos le decían 'doña Paula', porque les incomodaba llamarla 'doña Bárbara'", agrega Edith.

Al terminar 1889, arreando vacas Jones llegó a Leleque y, según consta en documentos, "entrega allí una tropa de 2.500 vacunos que traía de Patagones por cuenta de la compañía inglesa". Recibió la tropa Otto Goedecke. Jones viajaba con cuatro peones y uno de ellos lo acompañó hasta el gran lago. Desde Leleque hasta allí no encontró alma viviente pero cuando llegó al Nahuel Huapi nada le importó. Nada más que quedarse allí para siempre.

Recorrió la zona hasta la naciente del Limay. Allí, cuenta Vallmitjana en su libro "Un tejano en Nahuel Huapi", como a mil metros de la desembocadura del lago vieron un bote abandonado que había usado la tropa asentada en Fortín Chacabuco. En él cruzaron a la margen izquierda por la que se caminaba hasta el fortín. Jones se quedó maravillado: aquel lugar era el que había visto en sueños.

Luego de la conquista, esas tierras se habían convertido en fiscales. Inmediatamente, Jones solicitó una parcela a la Dirección de Tierras y Colonias; anhelaba un lote pastoril donde se le permitiera tener lo suficiente como para poder mantener a una familia. Le llevó años conseguir la titularidad, años y un litigio con George Newbery, que pretendía quedarse con las tierras que había escogido Jones. (Ver "Historia de acá").

Pero volvamos al tiempo en que en aquel sitio no había nada más que un bote abandonado y una choza donde Jones pasó su primer invierno en 1890.

"En enero de 1891 Jones regresó al Nahuel Huapi con 282 vacunos, 25 yeguas, 50 mulares y 20 caballos de silla" que llevó desde Junín de los Andes como pago por algunos de sus arreos. Jones apuró la construcción de los corrales para sus animales con elementos que le proporcionaba el lugar: techo de coirón y paredes de piedra y barro.

Jarred era buen tirador y hábil con el látigo y fundamentalmente con sus manos, de donde salieron casi todas sus pertenencias. Sus cualidades fueron las únicas y privilegiadas herramientas con que contó para enfrentar solo la Patagonia.

En 1890 se instaló una balsa para el cruce del río Limay. Un año después Jarred, poco a poco, comenzó a transformar el paisaje. Primero levantó su primitiva casona de troncos en las nacientes del Limay (foto), años antes que el almacén de cinc conocido como el "Boliche Viejo".

En 1903 abrió su comercio de ramos generales con un socio, Enrique Neil. Lo bautizaron "La Carolina" y fue estratégicamente ubicado para servir a todos los viajeros, que tenían este acceso al sur como paso obligado.

Los amigos siguieron transportando bienes a Chile. Desde 1892 Crockett explotó en Quetrequile una mina de sal que vendían en el país vecino, de donde traían otros productos para comerciar aquí.

En los libros de almacén de los primeros años del siglo figuran todas las compras de clientes y ocasionales huéspedes, como Butch Cassidy, Sundance Kid y Etta Place. Jarred les dispensó una cordial bienvenida a sus compatriotas, que poco después lo decepcionaron cuando descubrió que eran los conocidos bandoleros.

Los primeros tiempos fueron intensos. Hizo su morada y los corrales, cortó leña para los inviernos, cuidó de la hacienda y dio vida a su estancia. Jones conservó la voz de origen tehuelche que llevaba ese lugar: Tequel Malal (corrales de madera), nombre que la propiedad -ahora en manos de sus descendientes- aún conserva.

Según el Censo Nacional de 1895 en el sector neuquino del Nahuel Huapi se habían asentado 24 habitantes, siete de los cuales eran norteamericanos e ingleses. Del lado rionegrino había 76 habitantes.

En uno de tantos arreos a Chile Jarred conoció a Bárbara Draschler, 13 años menor que él y de origen suizo. En 1897 ella preparó su baúl y se fue con él. En 1903 se casaron. Jones murió en Bariloche en 1956, a los 93 años, y en estas tierras dejó ocho hijos: Justo, Juan, Jarred, Andrés, Duke, Matilde, Nora y Charlie.
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