El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

jueves, 29 de enero de 2009

Inquietan los casos de cuatrerismo

yahoo noticias


lunes 19 de enero, 4:00 AM

Manuel J. Torino
LA NACION
(Publicidad)

Por las noches aparecen en la ruta, en medio del campo. Armados con tenazas, los menores de edad ingresan en los potreros cortando alambrados. Eligen un caballo, lo montan y se escapan. Horas más tarde, el animal es vendido en el mercado ilegal.

Los casos de cuatrerismo son una constante en la provincia de Buenos Aires y las denuncias aumentan a medida que suben los precios de la carne equina en el mercado de exportación.

Luego de haber sufrido el robo de 17 ejemplares en 15 días a fines del año pasado, un grupo de propietarios de las localidades de Open Door y Manzanares, en la provincia de Buenos Aires, decidieron reunirse y tomar cartas en el asunto.

"Tenemos que juntar los animales al lado de la casa para que no nos los roben; ponemos alarmas, cencerros, perros, pero nos siguen faltando. Es un desastre", denuncian casi a coro los vecinos durante un encuentro con LA NACION.

Los propietarios aseguran que se sienten desprotegidos. El modesto puesto de policía local no da abasto para perseguir a los cuatreros en las miles de hectáreas de campo. Las reuniones con encumbrados funcionarios del Ministerio de Seguridad de la provincia tampoco surtieron efecto.

Según dicen los damnificados, los cuatreros, por lo general, son menores llevados por un acopiador desde distintos puntos del conurbano. Se les paga unos $ 100 por animal robado y, luego, el acopiador puede venderlo a un promedio de $ 1500 en el mercado ilegal.

"Al delincuente, por un caballo, se le paga hoy lo mismo que por un auto robado", asegura Guillermo Andelique, presidente de la Sociedad Rural de Luján y General Rodríguez, y agrega: "Con la diferencia de que el auto tiene patente, número de chasis y alarma, mientras que el caballo, a lo sumo, tiene una marca a fuego".

Otro aspecto que facilita el robo de equinos es la poca trazabilidad (seguimiento que se le hace al animal desde que nace hasta que es faenado) que tiene este ganado en comparación con el bovino, por ejemplo.

"Al bovino se lo controla desde que nace, porque está destinado a faena. En cambio, el caballo no se cría para carne, por lo tanto su vida útil no es predecible. La falta de trazabilidad es un problema real y trabajamos para solucionarlo", admiten fuentes del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa).

Alentado por el boom de las exportaciones y por un mayor consumo en el mercado europeo, el negocio de las denominadas carnes no tradicionales creció notablemente en los últimos cinco años.

De las cifras oficiales se desprende un dato que llama la atención a los agrónomos: la Argentina es el mayor exportador de carne equina del mundo, aunque no sea productor de caballos para faena.

Durante 2007, el país exportó un total de 35.755 toneladas de carne equina por un valor de US$ 87,5 millones y tuvo a Rusia como mayor comprador, según los datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la Nación.

"Al no ser productores, hay una escasez de equinos para faena, por eso hubo un aumento en los precios y, por ende, en los robos", opina Ada Lazcoz, del frigorífico Uriburu.
Sospechas

Los propietarios de Open Door tampoco dudan en relacionar la ola de robos con el jugoso negocio de la carne equina. "El número de caballos para faena comprados legalmente por acopiadores en remates no se acerca ni remotamente a las 250.000 cabezas que se faenan al año", hacen cuentas los agrónomos. Y denuncian: "A los frigoríficos llega un número enorme de caballos que nadie sabe de dónde salen".

Sin embargo, según fuentes del Senasa, los cinco frigoríficos del país autorizados a exportar este tipo de carne reciben los animales en regla. "Nosotros no tenemos forma de saber si el caballo es robado. Nos llegan muchos caballos salvajes y de descarte, pero siempre con todos los papeles y las marcas correspondientes", se defiende Lazcoz.

Los técnicos del organismo hablan del grado de rigurosidad de los controles: "Los frigoríficos exportadores están bajo la lupa del Senasa y de la Unión Europa, que exigen controles de sanidad y documentos que garantizan la legalidad de los animales".

Según los agrónomos, la cadena de comercialización es transparente en lo que corresponde a los frigoríficos. Sin embargo -dicen-, el esquema se vuelve más turbio cuando intervienen los acopiadores. Estos, denuncian los propietarios de Open Door, serían quienes se encargaran de obtener los documentos necesarios para poder vender los caballos robados a los frigoríficos.
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