El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

martes, 23 de octubre de 2007

¿QUE PODRIAMOS APRENDER DE LOS CABALLOS MAS INTELIGENTES?


¿QUE PODRIAMOS APRENDER DE LOS CABALLOS MAS INTELIGENTES?


Por la Dra. ANAHI ZLOTNIK (*)

En mi experiencia profesional y hablando con colegas y gente relacionada con caballos, sé que muchos caballos “problema”, en general son caballos más inteligentes y sensibles que los caballos promedio. Estos caballos son los que tienen mala fama porque son los que tienen más dificultades para adaptarse, son más difíciles de comprender y de manejar. Pero desde mi punto de vista son los más interesantes en el sentido que nos plantean nuevas preguntas. Se supone que nosotros los seres humanos somos seres racionales e inteligentes, y la inteligencia es la capacidad para usar nuestros instrumentos de la mejor manera y la capacidad para resolver nuevos problemas. Por eso cuando atiendo un caballo con las características planteadas al principio de esta nota, me lo tomo como un desafío en el sentido de todo lo que puedo aprender con este nuevo paciente.
Este caballo que actualmente tiene 5 años y no puede correr más porque fue suspendido por no querer salir de las gateras, fue mi paciente durante 2 períodos de su vida. Primero lo atendí cuando fue destetado y el dueño lo llevó a un campo en Luján. Era un potrillo vivaz, manso y mimoso, pero con una personalidad bastante definida. Un dato importante es que es hijo de Mountdrago. Lo más característico de él durante aquel período fue que era un potrillo bastante independiente, estaba con un grupo de potrillos también recién destetados, pero él “hacía la suya”, andaba cerca del grupo pero no era muy dependiente; y el peón que lo atendía me contó que era el primero que llamaba para comer a la mañana y que era el único que saltaba el alambrado para ir a buscar comida a otro piquete. No parecía ser el líder del grupo, era bastante compañero de los demás, pero con esta característica de “hacer la suya”. Otro rasgo que me pareció llamativo fue que cuando lo empezaron a encerrar en el box durante la noche, una vez el peón lo retó por algo que había hecho y a la mañana siguiente cuando entró al box a sacarlo, él se fue a un rincón y no había comido lo de la noche anterior. Según el peón el potrillo estaba ofendido, y esta característica de su personalidad la pudimos observar luego cuando fue adulto. No lo vi por dos años, pero supe que lo hicieron domar por una persona que trabaja sin violencia y cuando lo volví a ver supe que el caballo montado era liviano y fácil de trabajar. Esto también lo confirmé cuando lo monté varias veces para trabajarlo en la flexión. Tenía una boca blanda, se reunía bien, era obediente y fácil de manejar.
En esta segunda etapa en la que el dueño me pidió si podía atenderlo nuevamente, el caballo ya había pasado por varios cuidadores, y lo encontré muy stressado por la vida en el stud. Venía de ganar dos carreras en San Isidro. Ya no era el caballo confiado, mimoso y manso que conocí cuando era potrillo. Estaba hermoso, pero mordedor, difícil de manejar de abajo en el stud donde lo tenían, e incluso me contaron que la última vez que lo habían querido infiltrar en los garrones, les había sido imposible por las patadas que tiraba. Probé en ese stud si podía agarrarle las patas, y no tuve problemas para hacerlo. Entonces lo trasladaron a otro stud, donde fue muy bien tratado pero no se recuperaba. Tenía una sub-luxación sacroilíaca derecha, por lo que aconsejé al dueño pararlo unos meses para recuperarlo, pero el dueño prefirió insistir con infiltraciones y otros tratamientos complementarios. El resultado fue que el dueño perdió 5 meses más, pues en las 2 carreras que corrió en ese momento el caballo salió bien de las gateras pero le costaba dar el salto, tenía miedo al dolor, y no tenía como responder a las exigencias físicas que implican una carrera.
Entonces en ese momento el dueño aceptó que el caballo tuviera el reposo que merecía y realmente necesitaba. Lo llevé primero a una estancia donde comencé un trabajo de rehabilitación tanto en lo físico como en lo psicológico. Lo llevé montado por el piquete para hacerlo conocer el lugar y no correr el riesgo que saliera corriendo como un loco y se matara. Luego de este trabajo, lo llevé con 4 machos castrados y lo solté con ellos. ¿Por qué? Porque el caballo y sobretodo el entero está perfectamente equipado a nivel psicológico para comunicarse con los otros miembros de la manada. El peor castigo para un caballo es dejarlo solo y no permitirle contactarse con los otros. Es imprescindible para ellos hacer contacto olfatorio, táctil, visual y sonoro con los otros miembros de su grupo. Es parte de su lenguaje y de su necesidad de sobrevivencia. Cuando no se le permite este contacto el caballo se siente frustrado porque no encuentra como canalizar esta necesidad. Es tan importante esta necesidad de comunicación como lo es para nosotros. El resultado fue que el caballo pudo socializar con esos machos castrados, quienes lo ubicaron rápidamente en su lugar y nadie se lastimó. Por el contrario el caballo de carrera rápidamente se re-encontró pensando y actuando como caballo. Conjuntamente con este trabajo de socialización lo mediqué con medicación homeopática, oligoelementos, y un trabajo permanente de masajes terapéuticos.
Luego lo llevé a otro sitio donde había un corral redondo y comencé un trabajo de re-educación para que dejara de morder y se lo pudiera herrar y manejar con facilidad en las maniobras necesarias para su atención en el stud. Este trabajo consiste en comunicarse con el caballo con el lenguaje silencioso del cuerpo. El lenguaje que ellos mismos usan para comunicarse entre ellos, y que les permite ubicarse en la manada en el orden en el que les corresponde. Estos son los principios básicos de su sobrevivencia en el grupo, del mismo modo que nosotros tenemos reglas que respetamos para convivir en nuestra sociedad. De esta manera aprendió que cuando mordía recibía algo desagradable y que cuando dejaba de hacerlo era recompensado. Recibir algo desagradable no es ni un grito, ni un golpe. Es simplemente por ejemplo hacerlo caminar cuando no quiere, o sacudirle el cabestro del bozal. Esto se hace con “timing”. Es inmediato a la acción y con sólo repetir este proceso unas veces, el caballo por la gran memoria y capacidad de aprendizaje que tiene, lo incorpora rápidamente, pero siempre respetando su lenguaje y modo de comunicación. De alguna manera pensamos como caballo y hablamos su idioma. Complementé este trabajo de abajo, montándolo y flexionándolo y trabajándolo de manera diferente al entrenamiento tradicional que tiene en el stud. ¿Cuál es el fin de este trabajo? El propósito es estimularlo a que aprenda a usar su cuerpo, su musculatura, su capacidad motriz en todo su potencial. El caballo necesita saber que puede usar todo su cuerpo. La vida de stud es una vida muy artificial que poco tiene que ver con sus necesidades fisiológicas, psíquicas y naturales. Entonces aproveché esta pausa de su vida de carreras para contactarlo con otras posibilidades para su mente. Respondió tan bien que nos impresionó a los que estábamos cerca de él. Hay tanto prejuicio con el caballo de carrera, que cuando se trabaja atravesando esos mitos, es maravilloso descubrir lo capaces que son. Este caballo demostró rápidamente que era capaz de comenzar con un trabajo nuevo como el adiestramiento. Fui amazona federada de salto durante años y entrené caballos de prueba completa en Italia, por lo que puedo discernir cuando un caballo tiene talento, y éste demostró rápidamente que podría haber sido también entrenado para adiestramiento.
Cualquier tipo de trabajo que amplíe la conciencia del animal será benéfico y positivo para maximizar su capacidad motriz. Al mes y medio de este trabajo de rehabilitación, estaba tan tranquilo que era difícil creer que era el mismo animal que en el stud mordía y con el cual era complejo maniobrar. Varias personas me habían dicho: “Cuidado que este caballo algún día te puede matar”. Gracias a Dios no le di importancia a esos comentarios, porque creo con firmeza que cuando hay problemas con un animal el problema es de la gente y no del animal.
A los 4 meses volvió al hipódromo con un nuevo cuidador, quien lo atendió muy bien. Lo comenzó a entrenar respetando su tiempo, y al mes lo fortificamos junto con otro colega, con medicación suave y efectiva, pero decidimos no usar más corticoides porque este caballo ya estaba demasiado débil de grupa para soportar esa medicación. Respondía muy bien en el trabajo, entraba y salía de las gateras normalmente y cuando el cuidador vio que el caballo estaba para correr, lo anotó. En este nuevo stud no podían creer que había sido un animal “malo”. Se comportaba muy bien y tuvo un peón con quien rápidamente se adaptó. Es muy importante que el peón sea cuidadoso, responsable y respetuoso del animal, porque es la persona que más tiempo pasa con él e influye mucho en el ánimo y estabilidad del mismo.
Llegó el día de la reprise, y realmente lo que ocurrió nos dejó atónitos. El caballo estaba tranquilo, en buen estado, sin dolores, pero cuando las gateras se abrieron, se quedó paralizado. Había entrado muy bien sin problemas, pero se echó un poco para atrás y luego se quedó literalmente paralizado. ¿Cuál fue mi actitud? Escuchar lo que decían alrededor y averiguar si el caballo antes que yo comenzara a atenderlo había tenido este comportamiento ya que en el período en que lo atendí, no lo había mostrado. Algo que dijeron fue: “Es un caballo demasiado inteligente y sabe diferenciar perfectamente cuando es el día de la carrera y cuando es un día de práctica”. Efectivamente era así, pues al día siguiente lo llevaron a las gateras y entró y salió normalmente. Esto lo hicieron durante una semana, y él entraba y salía normalmente.
Pero indagando en su pasado, en esos dos años en que no lo ví, me enteré de lo siguiente: En La Plata ya había mostrado este comportamiento de paralizarse en las gateras, y lo habían resuelto de una manera tan cruel que no podía creerlo, lo habían obligado a salir de las gateras poniéndole alambres de púas. Yo me pregunto lo siguiente: ¿Qué les pasaría a esos individuos que tienen esas ideas tan inteligentes si a ellos les hicieran lo mismo, cómo se sentirían?
Y aquí viene el meollo del asunto. El caballo se recuperó, físicamente; mentalmente, se re-encontró con su capacidad y su inteligencia cuando fue tratado con amor, paciencia y respeto. Y los caballos no son tontos, igual que nosotros recuerdan los hechos lindos, benéficos y positivos de su vida, tanto como los hechos negativos, feos y destructivos. Entonces cuál fue la pregunta que me hice: ¿Qué motivación real tenía este caballo para volver a correr? ¿Qué le habían dado de bueno los hombres para que él sintiera ganas de volver a correr? El caballo eligió no volver a correr de la manera en que lo habían obligado a hacerlo. Estoy segura que con tiempo y motivándolo con inteligencia, él hubiera vuelto a correr, pero reconozco que para el dueño ya era demasiada inversión, porque el caballo tiene 5 años.
Pero la esencia de esto es que no podemos aprovecharnos de la buena voluntad de los caballos, de su generosidad para dar todo lo que tienen, sin respetarlos como se merecen. Ellos no olvidan y cuanto mejor los tratemos y les provoquemos situaciones de bienestar, ellos darán lo mejor de sí mismos. Puede que sean ganadores o puede que no lo sean, y eso no depende de ellos, depende de muchos otros factores de los cuales ellos no son responsables.
Es una locura pedirle peras al olmo.
Amo a los caballos, y está probado en todo el mundo lo positivo que son en su energía. Hay tantos chicos con discapacidades que se están curando gracias al contacto con el caballo, que siento que se cometen demasiadas injusticias con ellos. Merecen nuestro amor y nuestro respeto, como lo merecemos los hombres. Este artículo está escrito con la intención de que podamos reflexionar y mejorar en nuestra actitud al tratar con caballos.

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