El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

viernes, 21 de noviembre de 2008

TURISMO RURAL CON SERVICIOS DE PRIMER NIVEL

TURISMO RURAL CON SERVICIOS DE PRIMER NIVEL
Estancias con historia
Algunos de los campos más antiguos del país albergan excelentes alojamientos que invitan a recorrer la historia en el mismo sitio en que sucedió, y con un alto nivel de servicios como complemento.

Haras Ampascachi, Córdoba

Este establecimiento rural de 11 habitaciones, comedor, biblioteca y salones de juego, comparte con El Bordo de las Lanzas la tradición de la cría del caballo de paso peruano. Esta actividad y la posibilidad de experimentar la docilidad y comodidad del afamado paso llano que los distingue, son causa de la inclusión del Haras en este listado, aun cuando el casco en el que duermen los huéspedes corresponde a la mitad del siglo XIX.

Ocurre que este alojamiento del Valle de Traslasierra, obviamente en Córdoba, ha crecido al abrigo de los equinos. La antigua casona familiar y el campo que la rodea fueron en el inicio el territorio donde se realizaba todo el proceso de cría y adiestramiento. Pero la expansión del proyecto ha llevado a que hoy Ampascachi, de inconfundible nombre indígena, sea el sitio para el alistamiento final, exposición y venta de nuestros animales.

Entre la imponente Quebrada, el arenoso río Nono y el valle configuran el espectacular fondo sobre el que se destaca esta joya ecuestre del Virreinato del Perú, producto de 500 años de selección funcional y natural, que ingresó a la Argentina antes de que Buenos Aires fuera capital virreinal. La herencia genética del animal combina los rasgos del caballo berebere, que le aportan la resistencia y la tendencia a la ambladura, con la raza andaluza, que determina el andar orgulloso y la elevación de sus aires.

(www.harasampascachi.com.ar)

El Potrerillo de Larreta, Córdoba

En cada estancia hay combinaciones para destacar. A veces es la excelente gastronomía con paisajes imponentes; otras veces la arquitectura es la que manda y los detalles modernos acompañan.

En este caso, al matrimonio entre buen servicio y excelente golf, habrá que sumar un contacto único con la historia. En sus orígenes, el campo donde se asienta el Potrerillo de Larreta pertenecía a la Estancia Jesuita de Alta Gracia, y es considerada hoy Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Los padres de la orden desarrollaron el lugar hasta su expulsión de América en el siglo XVIII. Tiempo después, en 1918, las tierras fueron adquiridas por el escritor y diplomático Enrique Larreta, cuya familia aún conserva el sitio y muchas de sus características primordiales de la época. Además, su campo de golf de 18 hoyos es uno de los más reconocidos del país y se destaca entre los muchos y muy buenos que tapizan La Cumbre, Córdoba. (www.potrerillodelarreta.com)

Las Carreras, Tucumán

Al igual que su vecina Los cuartos, Las Carreras es parte de una herencia jesuítica que tras la expulsión de la congregación de las tierras americanas en 1769, dejó tras de sí un legado para aprovechar. El origen de la estancia se ubica en 1718, justamente con la instalación de este grupo religioso en la región. El antiquísimo casco fue ampliado y reciclado para convertirse en lo que es hoy: un confortable hotel en las faldas de los cerros del noroeste tucumano. Pero no sólo la piedra, la madera y los techos de tejas españolas remiten a aquellos inicios. Aún hoy, el clima privilegiado de la zona permite continuar la tradición quesera que inició la familia propietaria no hace una, dos ni tres generaciones, sino hace nada menos que nueve. Hoy los propietarios de apellido Silva continúan con este linaje iniciado por los Frías Silva, quienes adquirieron los campos a la Junta de Temporalidad, en el año 1779. Entonces Tucumán se llamaba Ibatín y era parte del Camino Real que unía Buenos Aires con el Alto Perú. Fue en aquellos días en que se construyó el casco con materiales de la zona, tales como el adobe (ladrillo de barro), caña, paja, alisos, tientos de cuero y piedra. Los mismos que hoy predominan en las cálidas habitaciones, en los patios regados por acequias y en los salones que rezuman historia. www.estancialascarreras.com

Juan Gerónimo, Buenos Aires

El camino que atraviesa la Reserva de Biósfera del Parque Costero Sur tiene unos 75 kilómetros. A lo largo de su extensión, es posible disfrutar del bosque en galería formado por especies nativas como el talar o el coronillo. El verde es sólo interrumpido por breves caminos que suelen tener como destino algunas de las estancias mejor conservadas de la zona.

Una de ellas, la más famosa, es Juan Gerónimo, llamativa desde su inusual nombre de varón. Hay varias historias que intentan dar cuenta de este bautismo. Algunas hablan de un tal White, bandido británico que adoptó su nombre criollo (Juan Gerónimo Blanco) al afincarse en la zona; otras se refieren a un gaucho cimarrón que habitaba en los médanos cercanos. Lo único cierto es que el campo comenzó a tener renombre cuando cayó en manos de Ernesto Torquinst, estanciero, proveedor del ejército y personaje famoso a mediados del siglo XIX.

Pero fue una de sus hijas junto a su marido los que dotaron de esplendor a Juan Gerónimo. Casa, tea house, vivero, caballerizas, y un etcétera de edificios fueron naciendo de las manos del arquitecto Collcut, constructor del club house del club de golf de Hurlingham, entre otras construcciones de corte británico.

(Tel.: 4804-9777). Siempre Verde, Buenos Aires:

A 50 kilómetros de Tandil, en la zona de Barker, la familia Foster recibe a los huéspedes en el casco ubicado tras una loma y muy cerca de un inusual monte de alcornoques que llama la atención incluso de quien no reconoce de inmediato la especie. El edificio, se nota, no se construyó en una sola etapa. Lo más reciente que es la planta alta ya ha cumplido más de un siglo, y apenas recorre las habitaciones puede el viajero encontrarse con una pared, la del baño de la planta baja, que ya ha visto pasar tres siglos. Alejándose unos metros de la construcción, la composición minimalista que proveen un caballo, la pradera y una flor dan el marco perfecto para fotografiar un corral de piedra al que las pruebas científicas han ubicado en una fecha anterior al 1600. De esto y de las historias del cacique negro Ancafilú se nutre La Siempre Verde, un campo de 1.000 hectáreas que combina la producción agrícola con los senderos para realizar cabalgatas o salidas de trekking. Además del casco, el establecimiento ofrece una casa auxiliar con capacidad para 12 personas que puede alquilarse por semana, quincena o por mes.

(www.estanciasiempreverde.com).

La Alameda, Buenos Aires:

Corría el año 1789. En París, la Revolución Francesa cambiaba el mundo, mientras en un alejadísimo y remoto Chascomús, Don Juan Gregorio Girado poblaba una extensión de tierras a orillas de la laguna. Allí levantó su casa, los corrales y plantó árboles para sombra, pero también frutales. Más de tres siglos han pasado y aquellos proveedores de refugio contra el sol han dado nombre al campo: La Alameda es en la actualidad una opción muy cercana a la ciudad de Buenos Aires para quienes buscan descanso en serio. El casco de la estancia cuenta también con una larga historia, ya que acumula dos siglos y ha sido restaurado manteniendo sus aberturas, sus techos, los pisos y el estilo original. Sus siete salas, en las que pueden reunirse hasta 100 personas, son adaptados constantemente para reuniones, lanzamientos de productos o eventos sociales, que son parte de las actividades más habituales de este establecimiento que, al menos por ahora, no provee alojamiento.

(www.estancialaalameda.com)

Tomás Natiellcronista.com
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