El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

lunes, 2 de junio de 2008

MATO GROSSO DEL SUR (BRASIL)

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MATO GROSSO DEL SUR (BRASIL)
La región del Pantanal, la mayor planicie inundada del planeta, deslumbra al visitante por su espectacular concentración de fauna, con varias especies en peligro de extinción.
AMÉRICA NATURAL
Inmenso escondite
Hay un lugar en el mundo donde cualquiera, incluso el más miedoso, se acostumbra a soportar la mirada de un caimán. Menos popular que la selva amazónica, pero con una flora y fauna como para no dejar de rodar documentales. Un lugar con un inmenso potencial para ser explorado, una y otra vez. Este sitio está...
CUSTODIO PASTOR
Los lugareños o 'pantaneiros', como se les denomina en la región del Mato Grosso, se caracterizan por llevar una vestimenta al más puro estilo 'cowboy'. (Foto: Alexandre Campbell).
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Los lugareños o 'pantaneiros', como se les denomina en la región del Mato Grosso, se caracterizan por llevar una vestimenta al más puro estilo 'cowboy'. (Foto: Alexandre Campbell).

...en Brasil, en la región Mato Grosso del Sur, y no es otro que el Pantanal. Lleno de colores, luces, sonidos, sabores y aromas fascinantes. Un lugar donde el agua rige, año tras año, su transformación tan continua y ordenada como excesiva.

Y es que no es lo mismo conocer la zona en época seca que en época de lluvias. Depende de cuando se visite, o bien el agua entierra, literalmente, a los árboles o bien es imposible remar ya que prácticamente desaparece. Las estaciones están muy bien definidas. Entre abril y septiembre es cuando no llueve, temporada idónea para perderse en medio de la inmensidad, así como para convencerse de que nunca un caimán será quien ataque. Otros animales, en cambio, sí que pueden resultar letales.

El Pantanal es la mayor planicie inundada del planeta y se le considera la tercera reserva ambiental de todo el mundo. Abriga un ecosistema único que presenta la mayor concentración de fauna del neotrópico, incluyendo varias especies en peligro de extinción.

El área total del Pantanal dentro de Brasil es de casi 200.000 kilómetros cuadrados, o lo que es lo mismo, la superficie de Portugal multiplicada por dos. Sus contados habitantes se dedican a cuidar ganado y haciendas. Las tierras no se pueden cultivar debido a las subidas y bajadas de agua. Los pantaneiros, como se les conoce a los hombres de la zona, conocen bien los peligros de la fauna local. Son muy pocos, pero están acostumbrados a vivir en este paraíso ecológico donde han sido catalogadas 80 especies de mamíferos, 50 de reptiles, 263 de peces y 650 de aves.

AUGE DEL ECOTURISMO. Ahora hay una nueva y pujante fuente de ingresos: el ecoturismo. En contra de lo que pueda pensarse, son muchos los visitantes que llegan continuamente hasta esta zona dispuestos a oxigenarse y desconectar de todo y de todos. Alrededor de un millón de personas -unas 250.000 desde otros países- lo hacen cada año. Entre ellos destacan los birdwatchers, cuyo pasatiempo preferido es observar a las aves.

Los tucanes, con su pico anaranjado y su plumaje negro, son muy buscados desde los prismáticos. Y es muy fácil verlos volar en libertad, de aquí a allá. El tuiuiú es el símbolo de la zona por excelencia. Su envergadura supera los dos metros, vuela a grandes alturas y construye sus nidos inmensos en las copas de los árboles. El espectáculo es continuo. La grulla, gracias a su pico en foma de cuchara, coge con mayor facilidad de las aguas de las lagunas los animalillos de los que se alimenta. Un pájaro carpintero se apoya en el tronco del árbol ayudado por su cola de plumas rígidas mientras lo perfora con su fuerte pico, buscando en su interior insectos con que alimentarse. Bien cerca, una pareja de araras azules construye un nido con paciencia en otro árbol, un manduvi. El azul cobalto les distingue y se lo pone más fácil a los cazadores. Lamentablemente, tienen un precio. Se pagan unos 100.000 dólares en el mercado negro por cada uno de ellos.

CABALLOS NADADORES. Las grandes haciendas son accesibles solamente en época seca con avionetas y lanchas. Se duerma donde se duerma, el despertador siempre es el mismo. Nada que ver con el desquiciante pi-pi-pi tecnológico. Cuando amanece, las aves comienzan su recital. Nunca falla. Sale el sol tempranísimo y anochece también muy pronto. Al no haber absolutamente nada de contaminación, ni edificios o fábricas, es posible ver el cielo estrellado como en muy pocos sitios. Otro lujo.

Acostumbrados a la soledad, los pantaneiros visten como auténticos cowboys con jeans y cinturón de cuero. Llevan un machete y algunos también pistola. En tiempo de crecidas, deben conducir al ganado que ocupa los pastizales hacia las zonas más altas.

Los caballos sobre los que se desplazan son los mismos que prestan a los visitantes. Pasear a sus lomos, adentrándose en las aguas, es una experiencia inolvidable. No deja de sorprender cómo no se arredran y siguen hacia adelante, dejando únicamente la cabeza en la superficie, avanzando pausadamente. El agua les cubre y las patas se enredan con lasnumerosas plantas acuáticas, pero siguen obedientemente el camino que se les marca. Y es que los caballos del Pantanal son de una raza única.

La cabaña ganadera es una de las mayores del planeta, hay más de 23 millones de cabezas conviviendo sin problemas con jaguares, ciervos, iguanas, anacondas y tapires. Pero, con diferencia, lo que más abunda son sin ninguna duda los caimanes. Hay centenares, por todas partes.

Los yacarés (como se les conoce por estos lares) miden alrededor de dos metros y de día parecen esculturas inmóviles bajo el sol. Se calientan apaciblemente y por la noche vuelven a las aguas. Su caza ahora está muy perseguida para luchar contra el tráfico de pieles. Hace bien poco, se permitía. Mittonm Riviera alcanzaba unos 200 por noche, a los que disparaba con su calibre 22. Se ha reciclado en guía. Ahora acompaña a los visitantes tanto a caballo como a bordo de una lancha para descubrir a los yacarés de noche. Es fácil hacerlo en medio de la oscuridad absoluta. Al enfocar con una linterna, si hay uno, sus ojos rojos le delatan.

PELIGROSAS PIRAÑAS. Amén de caminatas, paseos a caballo o recorridos en lancha, otra forma para integrarse con el entorno es descubrirlo a través de una canoa canadiense.

Sin motores, el único sonido es el de la naturaleza. De pronto se detiene y se ve a un grupo de capibaras en la orilla. Son enormes, nunca van solas y son muy pacíficas. Llegan a pesar 50 kilos. No parecen roedores, pero lo son. Un grupo de niñas saluda desde la otra orilla ante la sorpresa generalizada. Más allá, una veintena de garzas blancas parece iniciar una verdadera representación dedicada a los visitantes.

El escritor John Grisham encontró aquí un inmejorable escenario para la novela El testamento. Otro enamorado de la región es el actor Harrison Ford, que no deja de recomendarla en sus entrevistas. Un escondite a prueba de paparazzis. Seguro que ellos, como tantos visitantes, se protegieron convenientemente frente a los batallones de mosquitos: con manga larga y repelente se evitan las picaduras.

Donde hay más agua, se puede navegar a la altura de las copas de los árboles. Se estanca hasta cinco metros de altura. Darse un chapuzón se convierte en un deseo insistente, pero se frena por la clara advertencia de que las pirañas atacan con una asombrosa rapidez. Y hay muchas. Basta con poner un pedacito de carne en una caña de pescar para comprobar que el peligro es real. Los pantaneiros se vengan a su manera de que les impidan el baño: pescándolas. Con ellas cocinan una sopa con propiedades inesperadas: estimula sexualmente. Sí, es la viagra del Pantanal.

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