El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

lunes, 7 de julio de 2008

Marcos Rodolfo Zapata

La Opinión Rafaela - Rafaela,Santa Fe,Argentina

Rafaela y su gente

Hoy: Marcos Rodolfo Zapata

Cuando la actividad hípica era furor en Rafaela, había un inusitado interés en toda la afición a ese deporte de reyes, que contagiaba al resto de la comunidad. Cada programa que organizaba el Jockey Club era una verdadera fiesta, porque las instalaciones del Hipódromo se colmaban de público desde muy temprano hasta finalizar el mismo.
Hubo muchos referentes de esa actividad, pero sin duda quien más se sustanciaba con ello fue Marcos Rodolfo Zapata, un correntino que luego de pasar y residir en La Plata, recaló en Rafaela, se aquerenció en esta ciudad y nunca más se fue y a pesar de su actual inactividad en el turf, sigue siendo el "gran referente" de esa pasión que atrapa multitudes día a día.
Marcos nació en la ciudad de Santo Tomé, en Corrientes, siendo hijo de Genaro Zapata, teniente coronel del Ejército y de Delia Niveyro, hermana de quien fuera en su momento gobernador de esa provincia.
Ese matrimonio, además de Marcos tuvo cinco hijos más: Belén, Gilda, Itatí, Ana y Juan.
Nuestro entrevistado comenzó sus estudios primarios en su ciudad natal, pero por cambio de destino de su padre los culminó en una escuela de La Plata, donde además concurrió hasta tercer año del nivel secundario.
Su padre era un experto en la Caballería del Ejército, realizando saltos hípicos y era protagonista en los juegos de Polo y Pato, donde la utilización del caballo es imprescindible.
Quizás por esas razones a Marcos, desde muy jovencito le comenzó a "picar" su inclinación por los caballos, y no pasó mucho tiempo que esa vocación lo llevó a iniciar su preparación en una escuela de jockey.
Debía cursar cuatro materias fundamentales: reglamento general, hipología (que trata sobre la veterinaria y la nomenclatura interna y externa del caballo), ejercicios físicos y equitación.
Fueron 2 años de concentración y excelentes notas, a tal punto que junto a otro aprendiz fueron los únicos dos becados de esa escuela y como el físico le daba para jockey, -pesaba entre 52 y 53 kilos- logró que se le extendiera la licencia para correr, siendo ese uno de los momentos más importantes de su vida, porque había logrado llegar a ocupar un lugar que siempre, desde muy jovencito, había soñado.
Corría el año 1962 y bajo la tutela de Ernesto Petre, que tenía sobre Marcos la patria potestad, gana su primera carrera el 10 de octubre de ese año, montando al caballo "Yapic", en el Hipódromo de La Plata, un triunfo que se asemejaba a "tocar el cielo con las manos". Ese mismo caballo también ganó el Gran Premio "Pueyrredón".
Sigue en su "mundo" en el turf en La Plata, hasta 1964, que sólo fue interrumpido, por un corto impasse por el accidente que sufrió en su motocicleta, que no le dejó consecuencias físicas.
En el año 1968, por ser un jockey que había comenzado a trascender a nivel nacional, fue tentado para ir a residir a Paraná, en la provincia de Entre Ríos, para que sea jockey de los "pingos" de don Arturo Etchevere, muy conocido en el ambiente.
Corría el año 1970, cuando un rafaelino, muy conocido en el ambiente del turf, que había viajado al Hipódromo de Paraná, lo conoció y lo invitó para que venga a Rafaela. Esa persona no era otro que Osvaldo "Cholo" Riberi, y quien haya frecuentado esta actividad lo debe recordar muy bien.
La propuesta o la oferta del "Cholo" fue "muy buena", según asegura Marcos, y no lo pensó dos veces. Armó sus valijas y se vino a la "Perla del Oeste", decisión que tomó porque conocía lo próspero y hermoso que era el Hipódromo local, propiedad del Jockey Club.
El 6 de enero de 1970 arribó a esta ciudad y destaca que encontró una ciudad "muy progresista y hermosa", de igual manera destaca lo bien que fue recibido por la comunidad en general. Según sus palabras, en el ambiente turfístico del país, cuando se hablaba del Hipódromo de Rafaela por entonces no dudaban en calificarlo como el "San Isidro chico".
Cuando llegó para quedarse, presidía la entidad Remo Tomasso, padre del juez, del mismo nombre, hoy ya retirado de la actividad judicial, mientras que Armando Andreo era el titular de la subcomisión de carreras, recordando que al poco tiempo de estar en la ciudad, en el Hipódromo se inauguraba la nueva iluminación, que le dio al circo hípico local una nueva imagen, mucho más destacada, y que fue la tercera obra de esa magnitud, sólo precedida por las que se hicieron en los hipódromos de La Plata y Palermo. Así, a ese nivel había llegado el hipódromo local.
Llegó el día del debut en Rafaela, y como no podía ser de otra manera comenzó ganando su primera carrera, montando a "Cabalonga", un caballo propiedad del "Cholo" Riberi que estaba al cuidado de Anelo Bertoldi.
El organizador del Jockey Club era entonces Isaac Kohon, que tenía infinidades de contactos con personajes del mundo el turf de todo el país, así se logró que visitara el hipódromo de Rafaela la recordada Susana Davis, pionera jocketa oriunda de Brasil. Ello sucedió en el año 1974, pero además estuvieron, en distintas fechas, Irineo Leguizamo -el más grande de todos los jockey-, Aníbal Etchar, la otra gran jocketa Marina Lescano y quien mantiene el récord nacional y quizás internacional, Orlando Baratucci, que en Rosario corrió en un solo programa 8 carreras y ganó las 8.
No olvida Marcos Zapata lo que era el Hipódromo de Rafaela el 24 de Octubre, día del Santo Patrono de la ciudad, cuando llegaba gente "de todo el país", pues se corría el gran clásico "Guillermo Lehmann", en honor al fundador de nuestra colonia.
Era un día inolvidable, el movimiento que generaba ese día el programa de carreras era espectacular, porque concurría "todo el mundo" hasta la gente que no tenía nada que ver con la actividad, era un verdadero "día de fiesta" para la ciudad, por eso los nostalgiosos hoy día todavía se preguntan por que se perdió todo eso.
De a poco Marcos Zapata se fue retirando como jockey, aunque las ganas seguían intactas en él y su edad aún se lo permitía, pero siguió, al menos por un tiempo, con otra actividad.
Así fue que en el año 1979 se trasladó a San Isidro, oficiando como cuidador de los caballos de Horacio Alemandi, propietario del Stud "Don Fede".
Fueron cinco años de intensa y apasionante actividad, hasta que en el año 1984, regresa a Rafaela y vuelve a desarrollar su pasión de toda la vida, volvió a ser jockey, que prolongó hasta el año 1988, por lo que atravesó, como el mismo lo asegura, una época brillante y sobresaliente no solo a nivel personal sino también para el turf local.
Hoy retirado de la actividad todavía sobrevuela en su mente la idea de poner una escuela de jockey, que es una actividad que le podría dar una salida laboral rentable a muchos jóvenes, que como Marcos, sienten pasión por los caballos de carrera.
En su historial ganó muchas más de 1.000 carreras, logrando en el Hipódromo local alzarse con 5 victorias en una sola jornada, un logro que no muchos jockey pueden darse el lujo de obtener.
Sus triunfos se repartieron en distintos escenarios, además de Rafaela salió victorioso en carreras que se realizaban en los hipódromos de Morteros o Ceres, para mencionar dos localidades de la zona y las ya mencionadas que ganó en La Plata.
Asegura que quienes opinan que el turf "es una timba", es porque "no conocen de cerca la actividad", si así fuera, seguro que esa gente pensaría distinto.
Hoy, con no poca nostalgia Marcos Zapata habla de la época de "oro" del turf rafaelino, cuando había más de 200 caballos, actividad que era subvencionada por el INAH (Instituto Nacional de Actividad Hípica).
También reconoce y asegura que el turf es una gran fuente de trabajo, ya que en la actualidad está dando alrededor de 700.000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos, como consecuencia de los 10.000 caballos en training actual.
Su andar en el turf le dejó cientos y cientos de amigos, entre jockey, propietarios de haras y de hecho la satisfacción de haber desarrollado en su vida lo que más le gustó.
A la hora de los agradecimientos evita dar nombres para evitar algún olvido, pero tiene una mención especial y un reconocimiento muy particular para su familia adoptiva, destacando los nombres de Rosi, Nati y Fabricio.

Omar Tosello


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