El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

martes, 25 de noviembre de 2008

El caballo Peruano de Paso en Argentina

http://www.engormix.com/s_articles_view.asp?art=2155&AREA=CAB-103

El caballo Peruano de Paso en Argentina

AUTOR: Carlos Lecuona de Prat, Criador de Caballos Peruanos de Paso. Estancia San Agustín, Salta. Argentina

Llevado por mi apasionada afición por el caballo peruano, sentí la necesidad de escribir estas líneas con la intención de ofrecer algunas reflexiones con el fin de comprender cómo y porqué, este maravilloso caballo se incorporó a nuestras más antiguas tradiciones.

Recibe su nombre, PERUANO DE PASO, por haberse originado en el Virreynato del Perú durante el siglo XVII.

Todos los que han estudiado y escrito sobre el origen del caballo peruano de paso, coinciden en señalar que desciende del caballo español de la conquista. Así también, están de acuerdo en que en Europa y Asia existían algunos ejemplares de paso, tal como describe Luis de Ascásubi en su libro El Caballo Peruano y su equitación " ... los caballeros de la Edad Media en Francia, solían viajar en sus Palefrois, de paso, para cambiar la cabalgadura en el momento del combate y montar los caballos de trote o Destriers que para el objeto, llevaban de tiro sus escuderos."

En la obra El Caballo Rey de Monique y Hans D. Dossenbach, los autores afirman: "El esplendor barroco (1580-1750) contribuyó a la aparición de un caballo que corresponde exactamente con el estilo de vida y los gustos de los estratos superiores de la sociedad del momento. Aunque macizo y fuerte, aún conservaba su elegancia. De cuerpo corto pero potente, cabeza fina de perfil subconvexo y cuello largo y fuerte, tiene porte alto y recogido, pecho ancho, grupa redondeada y poderosa, extremidades limpias y cascos pequeños. Su origen berebere es indudable". Quiero aclarar que los caballos berebere tienen tendencia a la ambladura, es decir, a caminar sobre laterales.

Ahora bien, es de destacar que los caballos que trajeron los conquistadores a todo el continente americano tenían el mismo origen genético. Desde el Mustang americano al norte, hasta el Criollo de las pampas al sur, descienden del mismo caballo de la conquista y sin embargo, sólo en el Virreinato del Perú, pudo generarse esta raza sin igual en cuanto a comodidad, vistosidad y elegancia.¿Por qué?. En mi criterio, la razón es que el Perú alcanzó, a partir del siglo XVII y durante todo el XVIII, un apogeo económico inimaginable. Una vez fundada la mayor parte de las ciudades y estando los nativos bajo control casi total, este apogeo hizo que arribara a esta parte del nuevo mundo, lo más granado de la nobleza española y los más afortunados comerciantes que venían en busca de fama, poder y fortuna y, con ellos, aquel caballo generado en el Barroco, imponente, cómodo y garboso, que ya existía en la Península y que sólo podía ser poseído por quienes detentaban el poder social y económico. Es a partir de allí, que al cruzarse con la yeguada existente desde la conquista que tenía en su sangre también ascendencia berebere, con tendencia a la ambladura, surge esta inigualable raza que fue en su momento símbolo de distinción social.

Por otra parte, debemos tener en cuenta que tanto los Mustang como los Criollos pueden contarse, en la actualidad, en cientos de miles y en cambio, los Peruanos de Paso no superan los 30.000 en todo el mundo, lo que confirma que la base genética con que se formó la raza fue muy pequeña.

Quiero significar que el caballo peruano no fue, de ninguna manera, el animal ideal que se necesitó para encarar la conquista como tampoco, posteriormente, para montar los ejércitos que guerrearon en las luchas por la independencia. El caballo peruano fue, sin lugar a dudas, uno de los elementos diferenciadores de la clase dominante que ostentaba el poder político, social y económico; algo así como un lujo, una joya ecuestre acorde con la moda de aquella época, un gusto en fin, de muy pocos.

Para poder comprender esta afirmación se hace indispensable describir el escenario que dio origen a esta raza.

Lima, fundada por Francisco Pizarro en 1535 a orillas del Rimac se convirtió, al poco tiempo, en la Capital del inmenso Virreynato del Perú, que se extendía desde el Ecuador hasta el Cabo de Hornos.
El puerto de El Callao, muy cercano a la capital, era el único habilitado en toda la extensión del virreynato para la introducción de las mercaderías venidas de España, llamadas efectos de Castilla, y además, salida obligada de todo el oro y la plata obtenidos de las famosas minas de Potosí y del Cerro de Pasco. Esta situación tan favorable, transformó a Lima en un emporio comercial sin precedentes, atrayendo a su ceno a lo mejor de la sociedad española, convirtiéndola en el faro de la civilización y la cultura de todo el virreynato.Valía más que Méjico ya que, se consideraba un ascenso el que pasara un virrey de aquella ciudad de Moctezuma a esta otra de Pizarro y, después de Madrid, se la consideraba como la más brillante de las capitales españolas.

Salta, fundada en 1582 por la Corriente Colonizadora del Norte al mando de Dn Hernando de Lerma, por orden del Virrey Dn. Francisco de Toledo y Pimentel, fue nombrada capital de la Intendencia del Tucumán, que comprendía las actuales provincias argentinas de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero y la provincia de Tarija, hoy parte integrante de la República de Bolivia. Mantenía con Lima una permanente relación, no solo por motivos comerciales sino que además, existían muchos vínculos familiares. Como demostración de lo antes dicho, me referiré a dos ejemplos: 1. El 20 de setiembre de 1.822, convocado por el Gral. San Martín, se reunió en Lima el primer Congreso Constituyente ante el cual El Libertador presentó su renuncia al cargo de Jefe Supremo del Estado. A continuación, el Congreso eligió un Triunvirato o Junta de Gobierno Ejecutiva, que estaba integrada por el Gral. Don José Lamar, Don Manuel Salazar y por Don Felipe Alvarado, salteño, miembro del Cabildo de Lima, que vivía en esta ciudad desde hacía tiempo ya atendiendo asuntos comerciales y que además era hermano del Gral. Don Rudesindo Alvarado, también salteño, segundo jefe en el ejército de San Martín y que luego fuera gobernador de Lima, de Puno, de Mendoza, terminando su carrera política como gobernador de Salta.
2. En agosto de 1.824, Miguel de Otero, salteño, personaje muy importante y rico, con muchas vinculaciones, estaba avecindado en Pasco y colaboró decididamente primero con el Gral. San Martín y luego con el Gral. Simón Bolívar, antes de la batalla de Junin, regresando posteriormente a Salta donde fue elegido gobernador.

Para dar una idea cabal del marco socioeconómico donde se desarrolló esta raza, he creído conveniente transcribir algunos comentarios de la "Historia del General Güemes y de la Provincia de Salta" escrita por el Dr. Dn. Bernardo Frías y que publicara en 1902. Con una pluma clara y amena nos transportará por los caminos del tiempo a vivir una época esplendorosa de nuestra historia y así podremos descubrir cómo es que llega el caballo peruano a incorporarse a nuestras tradiciones.

"Salta, por su importancia comercial, fue desde antiguo, sitio elegido de la inmigración española de la clase noble y aristocrática que en gran abundancia acudió a ella, como a Lima, desde el simple hidalgo hasta la nobleza más ilustre y grande de España, estableciéndose en ellas, desde la conquista, lo más galano y lo más arrogante de los orgullosos segundones de la grandeza española.

Contaba en su nobleza como lo más sobresaliente e ilustre entre las casas de la aristocracia española, a la descendencia de don Francisco de Toledo Pimentel, Virrey que fue del Perú y conquistador afamado de estas provincias. Su familia, vinculada con la sociedad de Salta, formó las casas de Toledo, de Alvarado, de Mollinedo y de Figueroa. Cabría también la mención de la casa de Arias porque era la descendencia del Marqués de Puño en Rostro, y a su par, la de Castellanos y Aramburú, cuya común figuración subía ya a los remotos tiempos de la Conquista.

De aquellas tradiciones nobiliarias; de aquellas fortunas levantadas al amparo del fecundo y activísimo comercio; de aquella opulencia y holgura tan justamente celebrada, de aquellos viajes constantes y de aquel trato frecuente con tanta gente distinguida por su clase y figuración, como la que se hallaba en Potosí, en Chuquisaca y en Lima particularmente, que era en aquellos tiempos la ciudad más culta, aristocrática, opulenta e ilustrada de la América del Sur, provenía el celebrado rango y la altura tan distinguida que alcanzó la sociedad de Salta.

Es una verdad histórica que la sociedad de Salta fue lujo y ornamento de la civilización del antiguo Virreynato. Era que la cultura, como la civilización y la riqueza, bajaba del Perú o llegaba directamente de España.

Era que estos personajes elegantes y soberbios por su raza, por su clase y posición, inclinados con preferencia al amor y al juego, especialmente al de los naipes, vicio elegante y funesto, propio siempre de las sociedades ricas, y que en Salta imperaba de veras como contagio limeño, y en extremo tanto, que era cosa ordinaria ver pasar en vela la noche completa señoras respetabilísimas, y muy virtuosas y dignas por otra parte, a la par de gobernadores, ministros y personajes donde rodaban fortunas con escandaloso abundamiento.

Salta, colocada en el centro, o sea, en el punto equidistante de los grandes extremos de lo que era el antiguo Virreynato del Perú, de donde bajó la conquista, el comercio y la civilización de estos territorios hoy argentinos, había sido, por un cúmulo feliz de circunstancias, la privilegiada entonces por el destino.

Elementos de comercio y de especulación fueron acumulándose en su plaza con proficuo resultado, dilatando la fama de su nombre y dando a sus habitantes, así de la ciudad como de la campaña, la inclinación al comercio activo y poderoso y a la explotación especial del ramo del transporte, que fue una de las más célebres especulaciones.

Salta venía a hallarse colocada, de esta suerte, precisamente en el punto en que, terminando la parte montañosa y de dificultoso trayecto, se abre la tierra en valles dilatados y planos o pampas pastosísimas, y por consecuencia de ello, venía a ser el punto obligado para proveerse de todos los elementos de transporte.

Desde Lima o el Callao a Salta, todo el transporte de las mercaderías españolas internadas al interior de la América, hasta el Río de la Plata y Mendoza, se efectuaba a lomo de mula, y desde Salta a Buenos Aires, mas tarde, en carretas. Además, todo el tráfico interior o propio y local de los pueblos del Alto y Bajo Perú; todos los trabajos de esta clase de los asientos mineros de Potosí en el sur y del cerro de Pasco más allá de La Paz y del Cuzco; el movimiento comercial y todo aquel necesario a la vida activa de todas las poblaciones peruanas en la Costa, en la Sierra y en los Valles, sólo se realizaba en cargas sobre mulas, de manera que no sólo el comercio general sino el movimiento entero de la vida económica de todas aquellas dilatadas y populosas regiones, hacían necesario e indispensable este artículo; y con sólo su simple indicación, basta para pensar cuán inmenso debía ser su consumo y cuán fuertes fortunas debieron levantarse a su sombra y manejo. La cría y venta de mulas formaba , pues, en aquellos tiempos, el ramo de comercio más poderoso para los americanos y de pingües ganancias.

La internación de estas recuas de mulas a las regiones peruanas, la verificaban los troperos comerciando principalmente en Potosí, Chuquisaca, La Paz, y cruzando el Desaguadero en el Cuzco, en los pueblos de la Sierra, en el cerro de Pasco, en Lima, Arequipa, y demás lugares de la Costa. La afluencia de las tropas de mulas era más abundante en determinadas estaciones del año para aprovechar las ferias comerciales que se celebraban allí descollando, entre las más famosas, la de Huari en el Alto Perú y la de Vilque en el Bajo. Jujuy tenía la suya también, por la Pascua, llamada la de la Tablada pero era de mayor renombre y concurso, la que, comenzando a mediados de mayo contaba siete semanas al término de junio, el domingo de la Santísima Trinidad; la feria de Sumalao, situada a cinco leguas al sur de la ciudad de Salta.

Era allí donde principalmente se realizaban las grandes compras y ventas de mulas con destino a los invernaderos para trasladarlas al Perú, de los ricos caballos y de la grande, fuerte, y apreciadísima mula de silla de San Juan; y también era allí donde los jugadores de cartas y dados y a las carreras levantaban y perdían fortunas donde las onzas de oro traídas desde el Perú por los troperos se derramaban copiosamente y en donde el baile vulgar y el baile aristocrático y demás diversiones cultas tomaron también su plaza bajo la carpa portátil o el cómodo rancho mandado a levantar especialmente por las familias de la mejor sociedad que sobre lucidos caballos acudían, asimismo, por devoción, por votos que cumplir y en busca de placer también.

El Perú gozaba por aquellos tiempos, de fama universal por sus riquezas y su oro, sin llamar la atención del mundo, se derramaba en Salta y en Buenos Aires con incesante abundancia, en pago de sus mercaderías, de sus esclavos, de sus ganados y de sus mulas especialmente. Y aquellos viajes lejanos; aquellas pampas, sierras, torrentes y precipicios que formaban el poético encanto de las narraciones; aquellos grandes negocios e improvisaciones de fortunas; aquel Perú en una palabra, y aquella Lima, sobre todo, emporio de los placeres, era la fantástica ambición de la juventud elegante y emprendedora. El viaje a Lima daba una especie de nombradía a quienes llegaban a alcanzarlo y del cual nadie quería quedarse extraño, formando en aquella época el objeto verdaderamente satisfactorio y deseado de todas veras; el que labraba los sueños dorados y voluptuosos, porque era el país del oro y de la fortuna, del juego y de los grandes negocios; el seno de las delicias coronadas con su cultura de renombre y la mágica seducción de sus mujeres; el asiento en fin, de la moda, del lujo y del amor.
¡Oh Lima , quien no te conoce no te estima!. Así exclamaban aquellos viajeros vueltos a sus pacíficos hogares, recordando en sus ensueños los encantos de la sultana del Rimac. De allí traían las cederías, los terciopelos, los tejidos de plata, las perlas y los perfumes, todos los esplendores del lujo para ataviar a las damas y las hijas de familias acaudaladas".

Y de allí traían también los troperos, propietarios de las recuas de mulas que en muchas ocasiones superaban las 5000 en un solo viaje, estos magníficos caballos iniciando así la cría en el Norte de lo que es hoy la República Argentina.

Cuenta Bernardo Frías en sus "Tradiciones Históricas de Salta": "No había casa, no de pobre ni de rico, que en aquella época no tuviera caballos destinados al paseo. Dos causas pesaban soberanamente para producir este fenómeno: una, la carencia por todos los rumbos de caminos de rodados y de puentes para los ríos y zanjones que cortaban los caminos hechos solo para herraduras. La segunda causa fue la moda, y aun se diría mejor, la costumbre secular de hacer todo viaje y todo quehacer que requería el recorrer alguna distancia, aunque más no fuera de cuadras, a caballo. Todos, hombres y mujeres, viejos de ochenta y criaturas de cuatro años, todos, todos eran jinetes, desde la matrona más empingorotada y soberbia, hasta la destituida y pobre moza de las montañas, al extremo que bien pudiera decirse que, vivían aquellas gentes de a caballo."
"Del caballo de paseo, del caballo de pesebre de que sólo gozaba la gente rica, y por excepción algún aficionado de poca fortuna, es de quien debemos ocuparnos."
"Los mejores ejemplares se los obtenía de Chile y de la Costa, región del Perú. Los de raza andaluza, nietos de los árabes que introdujeron a España los moros, eran peruanos de figura preciosa, bajos, como que al treparlos no fuera dificultad para la dama meticulosa, ni para el anciano de piernas duras y de huesos quebradizos. Abundantes de crines, largas y sedosas, que caían como verdadera cabellera por un costado del cuello curvo, grueso y corto, terminando por un gracioso mechón sobre la frente que adornaba aquella cabeza fina casi aguileña. Generalmente era su andar el llamado de brazos; andar que consistía en que las patas delanteras las alzaran a más de la medida común y batiera sus cascos por ambos costados, asentándolos en tierra con ruido acompasado y normal. La cola era larga y peinada, la crin lo mismo. Completaba la elegante figura del bruto su airoso andar, encorvando su cuello y dando por consiguiente casi con el hocico contra el pecho, ancho y carnoso."
"Sabida cosa es que la plata se ostentaba como el adorno más señalado de la silla del jinete. La cabezada, las riendas, el pechero como la parte anterior y la posterior de la silla, eran del blanco y pulido metal; pero ya no se conoce la manera cómo las damas de alto coturno solían cabalgar. Todas eran jinetes y cabalgaban en unas silletas con respaldo y grada para poder asentar el pie, en vez de estribo movible, forradas en terciopelo. Las riendas, para manos tan finas y aristocráticas, eran gruesos cordones de seda, como para que su suavidad y blandura no ofendieran la mano delicada que iba a servirse de ellas."

Además de la significación social que implicaba poseer estos ejemplares, los señores de Salta descubrieron en ellos un medio de transporte excelente para realizar estas largas travesías con una comodidad insuperable por la suavidad de su andar, poseyendo además, gran resistencia y mucho temperamento. La cría se realizaba en el Valle de Lerma y en los Valles Calchaquíes;"... en su centro, en la región de San Carlos, sus campos y sus cerros son pastosos y excelentes criaderos de ganado; grandes acopios asnales florecían allí; la vicuña, la chinchilla, la oveja, la cabra y las bizarras crías de caballos andaluces, tan de elegante moda en aquella época, eran otras de sus fuentes de riqueza."

Con la revolución iniciada en 1810, se suspendió el comercio con el Perú, el apogeo económico se derrumbó y las guerras , primero contra España y luego internas, que duraron por espacio de más de cuarenta años terminaron por empobrecer la provincia de Salta.

En la segunda mitad del siglo XIX, se reiniciaron los viajes, no ya con mulas sino con ganado vacuno en pie hacia el Norte de Chile y el Sur de la actual República del Perú, lo que sirvió para refrescar la sangre de los caballos.

En Anales de Agricultura de la República Argentina, publicado en el año 1874, el Señor Ramón Zuviría, escribe un artículo acerca de su cría de caballos en Salta, comentando sobre una yegua de su propiedad",,, traída a esta provincia y educada se desarrolló tan bien que a los seis años de edad puedo decir sin exageración que no he visto en Lima, Chile, Bolivia ni en Buenos Aires, donde últimamente he estado, animal mejor por su estampa, mansedumbre, brío, velocidad en el paso braceado y fortaleza; pues en nueve horas hizo una vez una jornada de 34 leguas de mal camino, repitiendo al día siguiente igual jornada, sin haber sentido gran fatiga y sufrido en su salud; en otra ocasión marchó 14 leguas de malísimos caminos en tres horas, igualmente sin fatiga." Sobre otro ejemplar cuenta: "...la otra la crucé con un padrón traído de Tagna( Perú) hijo de yegua argentina y padre limeño; ha dado una cría hembra zaina , hoy tiene 5 años y puedo asegurar que no he visto en Lima, Chile y Buenos Aires, un animal más fino y más bonito; es de la propiedad de D. Pío Uriburu quien la ha destinado para silla y paseo." Quiero destacar, que el único medio de transporte de que disponía el Sr. Zuviría para visitar todos los lugares que hace mención, era el caballo.

Con la aparición del ferrocarril desapareció la necesidad de los arreos a pie y habiendo cumplido su función viajera, el caballo peruano se popularizó, convirtiéndose entonces, en un excelente aliado de las tareas rurales, tanto agrícolas como ganaderas.

La mayor cantidad de ejemplares de la raza se encontraba en Salta aunque existían en cantidades importantes en Tucumán y Jujuy y algunos caballos en las provincias andinas hasta Mendoza, producto de los continuos viajes de antaño

Desde principios del siglo XX se realizaron concursos organizados por la Sociedad Rural Salteña. Los criterios de selección no estaban bien definidos y los criadores de aquel entonces imprimieron en sus crías gustos muy personales lo que provocó una anarquía en la crianza. El Perú, había vivido el mismo proceso anárquico y es por ello que, en 1945, trece amigos fundaron la Asociación Nacional de Criadores y Propietarios de Caballos Peruano de Paso, con sede en Lima, iniciando un proceso de selección exhaustivo tendiente a homogeneizar el tipo y sobre todo el piso o sea la forma de andar del Caballo Peruano de Paso. Ante el desconcierto existente al respecto y a los fines de unificar criterios, las autoridades de la Sociedad Rural Salteña, resolvieron invitar a un representante de la Asociación peruana para que juzgue el concurso del año 1965. A tal fin arribó a Salta el Ing. Dn. Fernando Peschiera Carrillo quien, con sobradas muestras de caballerosidad supo orientar a los criadores, retornando con el mismo propósito al año siguiente.

Pero no fue sino hasta 1980, año de la fundación de la Asociación Argentina de Criadores de Caballos Peruano de Paso en Salta, que se verificó en Argentina un crecimiento extraordinario, importándose en esa década, del Perú, más de 100 ejemplares con los mejores antecedentes genéticos, refrescando la sangre de las manadas existentes de hacía ya más de doscientos años.

Paralelamente, con una decidida acción promotora y de difusión, la A.A.C.C.P.P, impulsó y apoyó la cría en las provincias de Jujuy, Tucumán, Catamarca, la Rioja, San Juan, Mendoza, Córdoba y Buenos Aires,
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Durante la década del 90, los criadores de estas provincias, demostrando una gran afición, hicieron un esfuerzo colosal en la tarea de mejorar la raza. Hoy es una realidad que cuentan con una crianza de suma calidad y que se pone de manifiesto año a año en los concursos regionales que en cada una de ellas se realiza, donde la superación es constante en cuanto a la organización de los eventos y a la calidad de los ejemplares presentados. Todo este esfuerzo se vio coronado con el éxito ya que, en los últimos concursos nacionales que se realizan en Salta anualmente, ejemplares provenientes de estas provincias, en forma alternada, obtuvieron los máximos galardones.

El registro genealógico se abrió en la Sociedad Rural Argentina en el año 1949, siendo el primer registro de la raza en el mundo.

Este caballo que un día fue símbolo de vanidad, opulencia y poder; que se transformó en incansable viajero; que más tarde se convirtió en el mejor aliado del hombre en las tareas rurales, es hoy, misionero de la amistad y cultor de la unidad entre los pueblos ya que, en cada concurso de los muchos que se realizan en el país y en el extranjero, siempre está presente el saludo cordial y el abrazo fraterno entre gentes venidas de los más distintos lugares a rendir homenaje al mejor caballo de silla del mundo, EL CABALLO PERUANO DE PASO.

Publicado en Made in Perú en 2005, y parte, en el prólogo de El Caballo del Virreynato

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