El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

sábado, 8 de noviembre de 2008

España, El herrador, un profesional en alza

Todo jinete debe tener nociones básicas sobre el casco de su caballo y el herraje, más aún en el caso de personas cuyo desarrollo profesional se realiza en torno al mundo de la equitación.
“Sin casco no hay caballo”, dice la paremiología popular, y como casi siempre acierta. Los ingleses afirman expresando la misma idea: “Si no hay pie, no hay caballo”. Por ello, todo jinete debe tener nociones básicas sobre el casco de su caballo y el herraje, más aún en el caso de personas cuyo desarrollo profesional se realiza en torno al mundo de la equitación: turismo ecuestre, doma, competición… No siempre se tendrá a mano un profesional que nos resuelva el problema: debemos ser capaces de aplicar al menos los “primeros auxilios” para evitar daños mayores. Atendiendo a esta necesidad, la Escuela de herradores Sierra Norte que hoy visitamos organiza, entre otros muchos que más abajo se enumeran, cursos específicos para propietarios: son cursos intensivos de diez días de duración que se convocan dos veces al año, en enero y en julio. Nos enseñarán a herrar nuestros propios caballos, en condiciones normales, es decir, sin que exista ninguna patología asociada; en estos casos, los conocimientos adquiridos en el curso nos permitirán entender mejor la labor del herrador profesional. Y es que estos, los profesionales, son necesarios. Y los conocimientos del herrado no son innatos, ni se transmiten de manera espontánea de generación en generación, sino que se han de aprender y perfeccionar con la ayuda de maestros; en cualquier caso, y aunque las ganas, el trabajo y el estudio ayudan mucho, son necesarias a priori una serie de aptitudes que nos capaciten para herrar: No temer el contacto cuerpo a cuerpo con los caballos, tener cierta fuerza física, ser mañoso y meticuloso y tener ganas de trabajar. Es un trabajo duro y que requiere una dedicación y un desgaste físico importantes. La revolucionaria herradura El mundo del caballo ha evolucionado mucho a lo largo de la historia. La domesticación del equino viene de antiguo y, desde entonces, se convirtió en compañero del hombre tanto en sus faenas cotidianas, ya fueran estas agrícolas, ganaderas o bélicas, como en sus ratos de ocio y esparcimiento. En los albores de la relación hombre-caballo no se vio la necesidad de herrar al primero, es decir, de preservar el casco de un desgaste anormal. El caballo salvaje o en libertad, no sometido a la disciplina de un trabajo, no precisa de herraje, la naturaleza actúa sustituyendo el casco gastado y moldeando el pie para adaptarlo al terreno que habitualmente pisa. Pronto se vio la necesidad de proteger las extremidades del caballo y se hizo como si de verdaderos pies se tratara, con sandalias, de cuero o incluso de paja, retama o esparto, que se sujetaban a la cuartilla mediante correas. No se conoce con exactitud y son muchas y diversas las teorías sobre cuándo y dónde se comenzó a hacer uso de la herradura, esa pieza de hierro de forma tan peculiar, semicírculo prolongado por dos ramas que se aproximan por sus extremos y, cuya función al colocarlas mediante clavos en las pezuñas de las caballerías, es evitar que estas se dañen al marchar. Pues este instrumento logró revolucionar el uso de las caballerías al mejorar la capacidad de trabajo de los équidos. Sobre todo en la Edad Media cuando el papel de las caballerías en los conflictos bélicos fue determinante. Es entonces cuando los herradores lograron un mayor prestigio social, que de alguna manera todavía hoy se conserva en un país líder en el desarrollo de la industria del caballo como es Francia. De esta época datan las denominaciones marèchal-ferrant, mariscal (grado antiguo del ejército, de alta categoría) y condestable (conde de establo, antiguamente jefe supremo de la milicia), títulos ambos que recibían y que todavía hoy reciben los herradores; su trabajo en aquella época se equiparaba al de los veterinarios. Los albéitares medievales, no sólo en Francia, sino también en España, ejercieron su actividad limitándola al tratamiento de las enfermedades de los equinos y al arte de herrar. Todos anteponían a su título el de maestro-herrador. El herrar era considerado más que un oficio, era estimado como el noble arte de herrar y, como tal, formaba parte de las enseñanzas que debía recibir todo buen caballero. Don Quijote recuerda que los caballeros andantes han de saber herrar el caballo y catar sus heridas. El arte de herrar La evolución del herraje y de la herradura continúa a lo largo de los siglos: tratados teóricos, avances prácticos… Hasta la creación de la primera escuela de herraje en Alemania en 1847. Esta proporcionó un extraordinario impulso al oficio o arte de herrar. Otros países siguieron el ejemplo, Francia, Italia, Rusia, Inglaterra… La existencia de escuelas mantiene el oficio en un adecuado nivel de calidad y lo hace evolucionar. En países en los que no ha existido una formación reglada asociada al herraje su desarrollo ha sido más desigual. La situación de nuestro país en este sentido responde más bien a esta circunstancia. Si nos situamos en la época moderna, durante muchos años y cuando la mayoría de los caballos se destinaban a labores agrícolas o ganaderas, a faenas de campo en general, el herraje estaba poco profesionalizado y el herrero del pueblo era quien ‘ponía las herraduras’, destreza que normalmente le había sido transmitida por la generación anterior. El caballo era un animal o ‘bestia’ de trabajo y los cuidados eran los básicos. Poco se cuidaban los aplomos o los posibles problemas ortopédicos, con lo que la vida útil del animal se veía considerablemente mermada. En la actualidad, el caballo de ocio y deporte ha experimentado un importante incremento en cuanto al número de aficionados. De modo paralelo, todos los oficios y servicios asociados a la equitación en sus múltiples realizaciones y disciplinas han experimentado un resurgir, entre ellos, el que aquí nos ocupa, el arte de herrar. Tras años de aparente ignominia, el herrador gana de nuevo en prestigio social, y su remuneración económica mejora sustancialmente. Se convierte pues en un podólogo de caballos. En consecuencia, esta catalogación profesional debe venir respaldada o avalada por una adecuada formación teórico-práctica y un conocimiento preciso y profundo del pie y de la anatomía del caballo. Los profesionales del mundo del caballo son conscientes de la importancia de un buen herraje que mejore la capacidad de trabajo de los caballos, su rendimiento físico, y por ello están dispuestos a pagar bien esta labor. Un buen profesional se busca y se cotiza. La demanda existe, pero se exige calidad y no sólo saber clavar herraduras. Hoy en día y por fortuna existen escuelas como Sierra Norte, y muchas otras distribuidas por todo el territorio nacional, en las que se imparten cursos de herraje que aportan documentación y diploma acreditativo; la duración de estos ronda los tres o cuatro meses en España. En el extranjero es frecuente encontrar cursos de hasta dos años. En cualquier caso, el oficio se aprende día a día, herrando y viendo caballos con diferentes problemáticas y necesidades. El herraje se ha de adaptar al uso para el que se destine el caballo, al terreno por el que habitualmente pise, a la climatología… En un curso es imposible contemplar toda la casuística, prácticamente cada caballo es un caso único. El de herrar no es un oficio mecánico sino artístico. El herraje aúna ciencia y arte. Se precisan para su desarrollo unos conocimientos teóricos que acompañen las destrezas ‘artísticas’ que se despliegan cuando un herrador recorta o lima el casco de un caballo dándole la forma adecuada y ajusta la herradura al pie o a la mano del caballo; más artesanal y artístico resulta el trabajo cuando el herraje se hace en caliente, y participan del oficio la fragua y el yunque. Y es que dos son básicamente los sistemas de herraje. El que se realiza en caliente (método francés) permite adaptar la herradura al casco al trabajar con el hierro en caliente y poder, por tanto, darle la forma deseada y ajustarla antes de clavarla. El herraje en frío (método inglés) es más rápido aunque menos preciso: una herradura del tamaño adecuado al casco del caballo se coloca y se ajusta lo más posible. Sector en alza Como vemos, la profesión de herrador tiene un alto grado de inserción laboral. Es un sector con una gran demanda de profesionales cualificados, de buenos herradores que puedan mantener el casco del caballo en un estado óptimo hasta el final de su vida, pero estos no abundan. Por tanto, los que se lancen al mercado con una formación adecuada, ganas de trabajar y seriedad en el desempeño de su labor tendrán asegurado el trabajo, bien como autónomo (en algunos casos autoempleo, con poca inversión inicial) o bien como trabajador asalariado en centros ecuestres, hipódromos, centros de turismo ecuestre, yeguadas…. Sierra Norte ha hecho un seguimiento de los alumnos del curso de técnico herrador entre los años 2002 y 2006, en total 211 alumnos: 148 trabajan en la actualidad como herradores (70% de efectiva inserción laboral). Texto: Laura ÁGUEDA Fotos: Luis ALONSO Escuela de Herradores Sierra Norte Sierra Norte es un centro multidisciplinar en torno al mundo del caballo. Tiene como finalidad la potenciación y un adecuado desarrollo del oficio de herrador, así como de otras profesiones directamente relacionadas con el mundo del caballo y orientadas a la búsqueda del bienestar de los caballos y a la mejora de la relación entre estos y las personas, siempre mediante el uso de técnicas y procedimientos no coercitivos. En este sentido destacamos, por lo novedoso, un curso de fisioterapia equina para propietarios. El objetivo que persigue este curso, que se impartirá en dos fines de semana de este otoño, es mejorar el rendimiento del caballo y evitar la aparición de lesiones. Los responsables del curso nos garantizan que gracias a la fisioterapia equina podremos descubrir, tras una pequeña exploración, cuándo el caballo está sufriendo dolor, optimizar su potencial físico deportivo, prevenir la atrofia muscular por lesiones y la aparición de lesiones deportivas… Estas son solo algunas de las ventajas que obtendremos de los conocimientos que en este curso se imparten. Los cursos de herraje están reconocidos por la federación francesa de equitación. La escuela Sierra Norte está avalada por trece años de exitosa trayectoria. Casi todos los cursos con los que inició su actividad se continúan convocando con regularidad. Por ejemplo, lo que queda del presente año 2007, además de los mencionados de fisioterapia equina, se realizarán los siguientes cursos: técnico herrador, doma natural y monta natural, estos dos últimos impartidos por la conocida etóloga Lucy Rees. En el adecuado desarrollo de los cursos participa un equipo de profesionales docentes del más alto nivel, figuras de renombre internacional en cada una de las especialidades que garantizan la formación. Una formación individualizada y especializada adaptada a cada alumno, por lo que se limita el número de alumnos, cinco por profesor. Por ello conviene reservar las plazas con tiempo y anticipación. El centro Sierra Norte dispone de las siguientes instalaciones para la realización de los cursos: tres aulas de clases teóricas, aulas para prácticas de herraje y forja, aseos y servicios higiénico-sanitarios, vestuarios, almacén para el material y la herramienta, residencia-albergue para los alumnos… Destacamos, ya para terminar esta breve presentación de la escuela Sierra Norte, una innovación que se prepara para el próximo año, la programación de un curso denominado Saddlemaker, hasta ahora sólo presente en Estados Unidos, que trata de enseñar a cualquier aficionado o profesional todo el proceso de fabricación de una montura, desde el diseño hasta el acabado final. Centro de formación equina. Escuela de herradores. Carretera Soto del Real a Guadalix de la Sierra, km. 13,7. Soto del Real (Madrid) Teléfono. 659618738 Fax. 918461145 www.sierranorte.net
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