El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Don Rafael Moreno: 50 años en el oficio de amansar caballos

Nueva Prensa de Guayana - Venezuela


Escrito por Eligio González
lunes, 15 de diciembre de 2008
Image La lista de oficios y actividades ocupacionales que dispone el ser humano, es un inmenso abanico de posibilidades para mantenerse en el tapete de su manutención que a la vez sirve para mantener familias en el orbe entero La lista de oficios y ocupaciones que existen en el universo, copan un festín de emociones, aportan situaciones contradictorias y abren las puertas a la rudeza de trabajos extremos, donde el hombre y la mujer, en un determinado momento de sus vidas, lanzan señuelos volantines. El arte de amansar caballos salvajes o “cerreros”, es el tema de hoy.

Quizás algunos de nuestros lectores puede que digan: amansar caballos, tal vez no sea motivo de calificar en este espacio de personajes y tradiciones del pueblo, sin embargo, que un hombre decida adentrarse en inhóspitos parajes, con ambientes calurosos a veces, otros, con extremas temperaturas bajas, se requiere de temple y sapiencia en el manejo de un caballo.

Este aprendizaje poseído por algunas personas, se convierte en un requisito indispensable para el amansador, quien debe saber el momento preciso de cuando empezar el proceso de hacer de una bestia salvaje un animal dócil en la monta de un jinete, de buena rienda, adiestrada en las labores del campo, actividades llaneras, caballos de paso, y otras múltiples ocupaciones que requiere el hombre manejador del ganado equino.

Don Rafael Moreno de 87 años de edad, popularmente conocido en sus años mozos con el apodo de “El Gago”, es nuestro invitado de hoy, para conocer los secretos que debe disponer un buen amansador de caballos, y él posee una experiencia de 50 años con intensas “batidas”, sobre los lomos de potrancas y potros, en múltiples escenarios llaneros del estado Bolívar, actividad que inició desde muy pequeño, ya a los 12 años andaba correteando en las sabanas y fue parte de su sustento para vivir junto a su familia, formada por su esposa y siete hijos.

Comentó que en aquellos tiempos, tanto el joven como las muchachas, se adiestraban en actividades propias del campo, ellas a conocer el arte de cocinar, lavar, planchar, limpiar grandes patios, e incluso ayudaban en el arado de la tierra, siembra y cosechas de diferentes rubros, cocían la ropa, tejían, hacían hermosos bordados; era el modo de vida de esa época.

Los varones aprendían a cortar madera para el leñado, maniobrar la escardilla, el machete; todas las tareas más fuertes de la vida en el campo, tenían que enfrentarlas sin miramientos ni ver para atrás, sin peros que no puedo. Así que montar caballos, también requería de un arte en hacerlo bien.

Por eso al conversar con nuestro personaje, relató que sus padres fueron Rafael Moreno y María Valdez, ya a los 12 a los años de edad, le gustó amansar caballos o bestias como él les dice, así fue preguntando a los llaneros veteranos en el oficio, para llegar a conocer los secretos. Esto ocurrió en el hato La Mica de Marcelino Malavé, fundo que quedaba hacia Las Bombitas.

Recordó que en ese tiempo “era nada de escritura y lectura, el conuco con el azadón en la mano desde muy temprano, después de comerse un bollo de maiz pilado, acompañado de café con leche, nos daba fuerza para entrarle a los rastrojos, después venir a darle comida a las gallinas, los cochinos y las vaquitas aportando la materia prima y poder cuajar el queso”, vivifica.

Destaca el popular Gago, que él no se arrugaba para mantener esta rutina de trabajo a tan temprana edad; sin embargo consideró que el oficio de amansar caballos, era más rentable y productivo en ese tiempo, porque no había muchos hombres dedicados a estos menesteres y empezó a tomarle afición.

“Móntese bien y apriete las piernas”

Image Al respecto -narró- “después de mantenerme como ayudante por varios años, un buen día decidí asumir el compromiso y nunca se me olvidó el consejo de los duchos en amansar, móntese bien y apriete las piernas, además me colocaba una protección delante de los órganos, para evitar ser lastimado al corcovear el caballo”.

Como premisa elemental manifiesta el amansador de caballos, que nunca se le debe pegar a una bestia en el proceso de hacerlo dócil a la rienda y el bozal, el primer tirón debe ser suave, para que el caballo sepa de qué se trata, el segundo es una adaptación al bozal de cadena y a partir del tercero, son las correcciones más signficativas, con el cuidado que ante las órdenes cumplidas con eficacia, inmediatamente debe ser premiado con caricias y estimulaciones positivas.

Después de todo el proceso de enseñanza y adistramiento con el potro o la potranca, a los primeros 15 días, ya debe haber una referencia de comportamiento efectivo y a los 30, está listo para todas las actividades requeridas en el trabajo del campo, aunque reconoce que durante los 50 años estuvo sobre los lomos de los caballos, la doma de mulas y mulos o machos, fue muy fuerte, porque son animales impredecibles y no responden a la docilidad de los equinos.

También prestó sus servicios como amansador de caballos en el hato Altamira de Savino Sánchez y El Gabinete de Melecio Vera, en la vía a Guacamayo, además recuerda en su vida en pareja, procreó 7 hijos, a saber Amalia, Amado, Iris, Jesús, Elvis, Sacarías y Manuel, los dos últimos están fallecidos, quienes le han dado 28 nietos y bisnietos, con residencia actual en la calle Luis Hurtado, ya un poco cansado por los rigores de la edad, después de sufrir una trombosis.

Supeditó que “linda es la juventud, porque tienes fuerzas para hacer todo lo que quieras, esos momentos cuando montado en briosos caballos, me sentía útil, hoy no me gusta este cabello blanco, con canas en toda la cabeza y sin poder valerte por ti mismo”.

Para finalizar sus comentarios en torno a la pasión de haber sido un gran amansador de caballos en sus años mozos, comentó “virgen María Purísima, ahora pasan por la televisión a unos jinetes, montados en mandilates de toros que da miedo en sólo verles esos grandes cachos como filosas lanzas”.

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