El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

domingo, 15 de febrero de 2009

¿Qué pasaba en el famoso Hotel Arévalo de la calle Moraleda?

El Divisadero - Chile


Por Oscar Aleuy Rojas

El segundo hotel de Coyhaique fue el Internacional de Tomás Arévalo Tapia. El primero lo había levantado don Luis Cadagán y estuvo emplazado cerca de la calle Moraleda, frente a lo que serían las caballerizas de los carabineros en la mediagua que ocupaba el espacio del actual monumento al Ovejero. Este caserón de dos pisos lo construyó don Tomás Arévalo inmediatamente después de haber llegado desde Argentina e instalarse en una pampa desolada en medio de una tierra que estaba determinada por los trabajos de la compañía ganadera. Antes había ido hasta Lautaro a casarse con la señorita Adela Vera, y a compartir con sus amigos en una fiesta de familia celebrada en casa de su hermano Griseldo. Sin futuro probable viajaron hasta la aldea Beleiro hasta donde lograron llegar desde Puerto Aysén montados a caballo.

"Esto va a ser un pueblo", fue lo que dijo la señora Adela cuando se detuvieron a observar las mesetas del valle de Coyhaique en la primavera de 1928.

Baquedano había comenzado a formarse como campamento y arriba en el alto, donde se alargaba Coyhaique Bajo hacia los raleados bosques del Divisadero, la ciudadela de la estancia desplegaba la armonía de sus proyectos de administración. Arévalo y su mujer solicitaron un pedazo e tierra para levantar un hotel. Pero debía ser en el sitio exacto: el punto de llegada de los caballos de carrera, donde terminaban los 150 metros de pista de la Cancha de Carreras, lugar en que el rayero presente determinaba con juicio certero el nombre del caballo vencedor. Aquel lugar se prestaba maravillosamente para los propósitos de don Tomás de lograr que un punto estratégico de clientela anhelante fuera consumidora de sus exclusivos servicios de hotelería.

Había tres casas visibles en el valle: la de Enriqueta Jarpa y la de su primo Carlos Rodríguez Jarpa, que se situaban en el sitio que hoy ocupa la esquina de Simpson con Avda. Ogana; la tercera era la casa bruja de Juan Carrasco, bajando los lomajes del que después sería el Regimiento, en dirección a la confluencia de los dos ríos.

No pasaron muchos días desde que estuvo construido el hotel para que mucha clientela comenzara a disfrutar de los servicios de comida y alojamiento. Ese lugar de reunión muy pronto se convertiría en un bullicioso punto de actividades sociales de variada índole, a tal extremo que un día a don Tomás empezó a faltarle la comida para su clientela. Fue cuando se encontraba reflexionando sobre cómo superar el problema, que un buen amigo le aconsejó que comprara ovejas en Beleiro y dejara un pequeño plantel disponible para una temporada completa.

Tomás Arévalo fue a la Aldea Beleiro, pasada la frontera con Coyhaique Alto, y compró unas 40 ovejas, las que acarreó hasta Coyhaique y encerró en un corral junto al patio del hotel. La idea fue tan buena que incluso dos años más tarde, asegurada la provisión de carne, fue capaz de construir una carnicería cerca del corral, la que puede considerarse también como la primera del incipiente poblado.

Con la señora Adela administrando la marcha del hotel y don Tomás a cargo de la carnicería y las ovejas, todo estaba funcionando armónicamente en el escenario de Baquedano. Era el Internacional una construcción de chapas sin pintar con corredor grande y un piso al principio, hacia el cual convergía un importante grupo de visitantes en el que se incluían profesionales agrimensores, gentes de ejército, hombres de negocio, autoridades de gobierno y gauchos argentinos.

Poco tiempo después llegan las hijas del matrimonio: Imilce, Florentina, Claudina. Posteriormente el hotel es arrendado, primero a don Brito, luego a Eliseo Castro, a don Julio Chible y a Gerardo Mondelo Losada quien lo adquiere para sí. Recién habían terminado de construir un segundo piso que se alzaba victorioso hacia los cielos, con 7 nuevas habitaciones para cumplir con la creciente clientela.

Todo un símbolo del primer comercio fue el hotel Internacional de Tomás Arévalo, que hasta hoy la gente recuerda como uno de los más visionarios empresarios que haya vivido en nuestras tierras.
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