El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

lunes, 18 de agosto de 2008

Diego Ventura: «Toreo porque me gusta y para ganar dinero»

La Opinión de Málaga - Málaga, Andalucía, Spain

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Diego Ventura. El rejoneador asegura que no estará muchos años toreando.

El rejoneador Diego Ventura habla con sinceridad sobre su concepto del rejoneo, sobre sus sentimientos y sus valores dentro y fuera de la plaza para La Opinión.

CRISTINA ALCARAZ. MÁLAGA "Yo llego al rejoneo desde niño. Mi padre fue rejoneador y desde pequeño empecé a montar a caballo, yo creo que con unos cinco años. A los seis empecé a torear mis primeras becerras, como hobby, como un juego de niños, y cuando me vi preparado comencé a torear novillos.
Ser rejoneador se tiene que llevar dentro. Aunque te prepares muy bien y tengas unos caballos muy buenos, luego, en la plaza, si no tienes sentido del espectáculo no sirve de nada. Hay mucha gente que monta muy bien y son muy buenos poniendo caballos a torear, pero luego en el ruedo fallan. Tienes que nacer con esa intuición, con esa cosa que te hace ser diferente".

"El caballo es la mitad del rejoneo ahora mismo. Hay caballos muy buenos en manos de rejoneadores que no sirven, y hay rejoneadores muy buenos con caballos que no valen. Para que la cosa sea perfecta tienen que poner cada uno de su parte al 50 por ciento. Para mí, desde luego, el caballo y el toro son los animales más bonitos que hay. Yo mantengo una relación con mi cuadra muy buena. Hasta que no me veo seguro con un caballo no lo saco a la plaza y entonces, cuando sale a torear, tenemos que estar muy compenetrados él y yo, como si fuésemos uno. Eso se consigue a base de doma y de trabajar a diario. El caballo entiende cualquier gesto. Cuando hace algo bien se les suele acariciar para que entiendan que lo han hecho bien, y lo entienden perfectamente. Ellos saben cuando lo han hecho bien y cuando lo han hecho mal. El caballo es como un amigo: cuando le pasa algo es como si le pasara algo a alguien de mi familia, una cornada a un caballo me duele infinitamente más que cuando me la dan a mí".

"El rejoneo es mi vida; ahora mismo lo es todo para mí, porque es mi ilusión diaria. Cada día me levanto pensando en el rejoneo y cuando me acuesto estoy pensando en el rejoneo".

"El miedo en el rejoneo se vive de una forma muy intensa. Hay que dominar a dos animales y tú estás encima de uno y puede fallar, tienes que estar muy concentrado y llevar el miedo lo mejor posible; tener mucha seguridad en ti mismo. Eso sólo se supera con el trabajo diario y el sacrificio de luchar todos los días, de trabajar mucho y tener seguridad en ti y, por supuesto, en tu caballo".

"El valor en el rejoneador es el mismo que en el torero a pie. Aunque, claro, el rejoneo se puede hacer de varias maneras, y para torear bien y arriesgar como lo hago yo o como arriesga Pablo Hermoso o Andy Cartagena sí que se tiene que tener un valor añadido, porque se pisa un terreno muy comprometido donde a la más mínima tontería el golpe puede ser muy grave. Después hay otros rejoneadores que torean más aliviados y corren menos riesgos y eso también se nota".

"El fracaso es a lo que todos le tememos. Tenemos ese miedo a que el público salga decepcionado de la plaza, que no salga a gusto con lo que tú has hecho... Eso es a lo que más le temo. Sin duda, el peor momento para mí es cuando no consigues dominar nada y sientes el fracaso porque ves que la gente está aburrida y no consigues que se anime. El que paga una entrada es el que manda porque en definitiva, todo esto es un espectáculo".

"La unión toro, caballo, rejoneador se llega a conseguir algunas veces, no es fácil de lograr, pero hay faenas en las que tú haces lo que quieres con los dos, con el caballo y con el toro; llega ese momento que parece magia en el que tienes dominado a los dos animales y haces todo lo que pasa por tu cabeza a cada segundo, y encima lo estás haciendo en el ruedo, llevas a los dos dominados totalmente, estás haciendo arte con ritmo, con belleza. Ése es el mejor momento del rejoneo, sin duda, porque estás disfrutando y estás viendo que el público está disfrutando contigo".

"El peor momento del día que toreas es, sin duda, cuando se termina de comer, el mediodía, hasta que empiezas a vestirte de torero; eso es lo peor, porque no sabes cómo van a salir las cosas. Estás pensando en lo que puedes hacer y en lo que no, y cuando la plaza es importante, en triunfar. Piensas en si te va a salir un toro bueno, en que el caballo esté bien ese día, en que tú estés bien con el rejón de muerte y no falles al matar; piensas en muchas cosas que te pueden pasar. Es que el resultado final de la tarde depende de muchos factores, de cómo estés tú y de cómo estén los caballos, que son como las personas, un día pueden tener fiebre o no encontrarse bien o por diversos motivos pueden tener problemas y no estar al 100%. Y cuando se torea se sufre por todo, por tu familia, porque las cosas no te salgan bien, porque no puedas ser algo en esto, porque a los animales no les pase nada".

"Muchas veces pienso en si podría vivir sin rejonear y la verdad es que me cuesta muchísimo trabajo imaginarme la vida así. Se puede vivir de muchas maneras, pero sé que no sería lo feliz que puedo ser ahora. No obstante, dentro de 30 años, por ejemplo, me veo ligado a los toros pero como aficionado, no rejoneando. Soy de los que piensan que voy a hacer el esfuerzo durante unos años pero no durante muchos más; no soy como otros compañeros rejoneadores que tienen 50 años y siguen toreando; el esfuerzo que yo hago en la plaza es muy fuerte, muy sacrificado, el terreno que yo piso es muy duro y en el momento en el que yo vea que no voy a pisar ese terreno no torearé. He mantenido y mantengo un nivel muy duro y estropearlo después con 40 ó 50 años, torear más aliviado y que la gente no me respete como lo hace ahora sería una tontería. Dentro de unos 30 años me veo con mi familia, y con una ganadería de caballos, como tengo ahora, y yendo a la plaza como aficionado, pero no como torero, eso no".

"Yo rejoneo primero porque me gusta y segundo para ganar dinero. Aquí hay muchísima gente que dice que torea por afición, por esto, por lo otro... Yo soy sincero, yo arriesgo mi vida todos los días, salgo a la plaza a jugarme la vida y no a pensar en una cosa ni en otra. Soy totalmente consciente de que el golpe mío en un momento determinado no es como el de otro compañero, es más fuerte, así que decir que lo hago por afición sería una tontería. Yo rejoneo porque quiero ganar dinero, porque quiero hacerme rico como lo han hecho otros toreros, y si yo ahora mismo no le viera el color al dinero, estos sacrificios y estos esfuerzos que hago no los haría".

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