El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

lunes, 25 de agosto de 2008

Tropero Sosa, refugio de tradiciones

Los Andes (Argentina) - Mendoza, Argentina

Misión. Ataviados de criollos, hombres y mujeres se proponen difundir la imagen de don Pedro Sosa y rescatar las raíces argentinas.
Mañana festeja seis décadas la agrupación pionera en la provincia. El entusiasmo popular que incentivó -en 1948- la creación del centro tradicionalista es el mismo que hoy genera la treintena de jinetes en cada presentación. Los recuerdos.
Miguel Títiro - Fotos: Gentileza
En el Carrusel vendimial se suele escuchar: "¡Ahí vienen los gauchos!", cuando se anuncia la presencia de los grupos tradicionalistas locales. Entonces el público renueva en el aplauso la fervorosa admiración por alguien que es considerado arquetipo de la nacionalidad y que se reparte en la extensa geografía nacional, con particularidades propias a cada región.

Y los que pasan mostrando sus caballadas y el "lujo" de sus atavíos son los centros tradicionalistas. Uno de ellos, el Tropero Sosa, cumple mañana 60 años de vida, con un pasado de gloria y mejores momentos y que en el presente, de difícil realidad, mantiene a puro coraje tradiciones, usos y costumbres.

El presidente, Carlos Alberto Raffa, un agricultor de 57 años, y sus seguidores en la comisión, Roberto Corvalán y Hugo Pohl, repasan la historia.

El comienzo de la entidad está ligada a la conmemoración del aniversario de la muerte del general San Martín. Un 17 de agosto de 1948, el entonces Comando de Montaña Cuyo había organizado, en la plaza que lleva el nombre del Padre de la Patria, un Tedéum y un desfile.

"Un grupo de hombres vestidos a la usanza criolla y montados se presentó en esa celebración; al hacerlo recibió la grata sorpresa de un nutrido y entusiasta aplauso de la gente", repasan Raffa y sus amigos.

Quedaron entusiasmados y aunque se juntaban sin protocolo previo, decidieron hacer una reunión formal en la calle Colón 758, la vivienda de Jesús Ismael Páez. En la oportunidad, se formó la comisión fundadora que designó como primer presidente del centro al dueño de casa.

De aquel grupo, que integraban Ludovico Ceriotto, Pedro Pascual Lemos, José Luis Chacón, Eusebio Chacón Amigorena y Sostenio Olivares, para nombrar a un puñado de los iniciadores, sólo queda con vida Amado Bacha.

Hace tiempo que no monta, por su avanzada edad y algunos achaques de salud, pero durante medio siglo fue un animador de las columnas de la agrupación en numerosas presentaciones públicas.

La entidad, la más antigua en Mendoza en el cometido de cultivar las tradiciones nativas, adoptó el nombre de Tropero Sosa, un hombre que sirvió al Libertador en su campaña emancipadora (ver aparte). Por esa razón y por propias convicciones, los hombres y mujeres que integran las filas de la agrupación son sanmartinianos de pura cepa.

Raffa se vinculó a la asociación gauchesca en sus mocedades (tenía 21 años cuando empezó), había heredado el gusto por la actividad de su abuelo Rubén Vargas. En el comienzo, este grupo de tradicionalistas fue de la ciudad de Mendoza; luego, abrió delegaciones en otros lugares, y finalmente sólo quedó el de Godoy Cruz.

Aunque los integrantes son obsequiosos y les gusta recibir con hospitalidad a los visitantes y amigos, lamentablemente no tienen sede desde enero de 1985, en que el sismo de esa época les quebró la casa que tenían en calle Lavalle de Villa Hipódromo. "Cada hogar de los integrantes de comisión es ahora un poco el reducto de reuniones y donde organizamos las actividades", se resigna Raffa.

La participación en las fiestas patrias y en los festejos vendimiales ha sido nota distintiva de esta organización civil, que tiene muchas entidades colegas en la provincia.

Con algo de nostalgia, el presidente recuerda que hasta los 70 y los 80, el Tropero Sosa convocaba de 90 a 100 jinetes perfectamente ataviados, pero las dificultades -básicamente económicas- de los últimos años redujo los planteles y hoy juntan entre 25 y 30 personas a caballo.

También conspiró -y mucho- el frecuente robo de animales de los corrales del Gran Mendoza y su posterior faenamiento. "Esa situación casi nos esquilmó las ganas de salir al campo", plantea el titular del centro.

Sin embargo, y pese a "los guascazos de la realidad y a un cierto desaliento", los que siguen participando continúan saliendo al terreno toda vez que pueden. Recorren las serranías, comen un asado con las familias, o participan en los festejos gauchescos de Lavalle o del Gran Mendoza.

En cada intervención procuran mostrar lo mejor posible sus caballos mestizos y sus pilchas, compuestas por bombacha ancha, corralera o chaleco, camisa, sombrero tipo cuyano (que es parecido al chileno), rastra y la bota "acordeonada".

También practican, si la ocasión lo permite, los juegos que vienen de tiempos pretéritos, como la quincana y las corridas a la sortija.

"Por suerte hay un pase generacional y no sólo estamos los veteranos; también nos acompañan algunos jóvenes: sangre nueva que va tomando la posta, encaminada por el tema de las danzas criollas y con buena disposición a cabalgar", resume Raffa.

Para recordar el pasado y pedir por el presente, el centro Tropero Sosa hará celebrar una misa mañana, a las 11, en la iglesia San Vicente Ferrer y se descubrirá una placa referente al 60 aniversario.
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