El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

miércoles, 8 de octubre de 2008

Entre las patas de los caballos

El Siglo Durango - Durango,Mexico


Este domingo 29 de septiembre del 2008 Lety, mi nieto Humberto Sebastián y yo, acompañados por el gentil matrimonio Alvarado Hernández y Mario Hernández Vela, asistimos a una charreada en el lienzo de los terrenos de la Ciudad Deportiva, que mucho gozamos y a mí me remontó a los tiempos de la infancia, cuando a galope montaba por los llanos de La Campana, de Santiago Papasquiaro al “Constitucionalista”, el caballo de los últimos años de mi padre. La charreada estaba programada a las 13 horas, dando principio con toda puntualidad mexicana a las 13:30; mientras tanto, algunos charros montados en sus cabalgaduras hacían ejercicios de calentamiento y al fondo del pasillo ya podían verse las escaramuzas con sus faldas y crinolinas desplegadas sobre los lomos de los caballos. Las gradas de cemento a esa hora estaban a la mitad; pienso en el ejemplo de la botella medio llena o medio vacía y prefiero ver que las gradas están medio llenas. Cerca de nosotros pasa un charro a caballo, enviando un mensaje en su celular, lo cual pienso está a tono con los tiempos modernos, pero no mucho con la charrería.

A las trece horas, los mariachis vestidos correctamente de azul con grecas y moños blancos hacen su arribo con las notas del Son de la negra que alborotan la gallera. Es el mariachi Nuevo Colotlán, del meritito Jalisco, integrado por Carlos, Andrés, Adrián, Ismael, Arturo, Antonio, Héctor, Agustín, Salvador, Carlos y Manuel, todos ellos jóvenes y apuestos.

A las 13:30, al son de La marcha de Zacatecas, el cortejo parte plaza, encabezado por la Escaramuza del Nazareno, de Salinas, San Luis Potosí, vistiendo faldas rosas y blusas blancas, algunas de ellas botones en flor. Le sigue la Escaramuza del Rancho Dalila, de Durango, luciendo sus faldas moradas y sus blusas blancas, bastantes jóvenes y que representan muy bien la belleza durangueña. Luego siguen los gallardos jinetes de la Unión Regional de Charros de Durango y la Asociación de Alacranes Charros de Durango, haciendo el saludo charro.

Iniciado el festejo, la rayada y cala parecieron regulares, según mi leal saber y entender. Mientras tanto el ingeniero de sonido batalla con el aparato, lo que impide por espacio de media hora que Cristóbal Hernández se lo eche a los bigotes y con sus explicaciones de experto y puntadas rancheras aleccione y divierta al respetable. Una vez arreglado el sonido, Cristóbal Hernández toma las riendas del festejo.

En las manganas a caballo hubo lucimiento.

Las colas se inician con un buen derribo y después el becerro se va limpio. Puede decirse que se dio un cincuenta por ciento de efectividad, en el total de las calas. A las dos y media, la gente sigue llegando. Sigue el jineteo, y después de escuchar a Cristóbal que dice que los jinetes como los hombres van al matrimonio sin saber la fiera que les espera, se abre el cajón y sale un torete que por más que repara no puede tumbar al jinete. Después se dispara otro torete que rápidamente se deshace del jinete y por el micrófono Cristóbal Hernández sentencia: “La confianza mata al hombre y embaraza a la mujer”.

Los piales estuvieron muy lucidos lo mismo que el floreo. También las manganas a pie y a caballo. A las tres se retira el mariachi Nuevo Colotlán, después de un buen desempeño. A las tres y media la Banda Perla Azul, de Durango, rompe los aires con “Mi gusto es” y nuevamente se alborota la gallera. Se dan dos buenas ejecuciones del paso de la muerte; la primera de ellas es saludada por el público arrojando sombreros y botas al redondel. Con las primeras notas de la banda hacen su aparición las amazonas de la Escaramuza de Salinas, San Luis Potosí, que realizan buenas evoluciones si se toma en cuenta que apenas debutan y su muy joven edad. Luego vienen las amazonas de la escaramuza del Rancho Dalila, dándose el caso de que una de ellas es derribada de su cabalgadura, estando a punto de ser arrastrada, lo que en buena hora no llegó a suceder. Una vez repuesta, con pundonor monta de nuevo y la escaramuza completa sus evoluciones. Aquí me pregunto si la charrería no será un deporte extremo. La fiesta termina, con varias montas de caballos a la greña, sin pretal, es decir a valor mexicano, siendo derribados la mayoría de los jinetes entre los gritos y risas del público, que ya para estas horas hace un lleno de un cien por ciento, con los que entraron al mocho. Ése fue el espectáculo del lienzo; el espectáculo de las gradas con representantes de la belleza femenina durangueña es otra cosa. Para terminar qué mejor que hacerlo a la onda de don Cristóbal, con unos dichos charros: Caballo alazán tostado, primero muerto que cansado; Caballo moro vale un tesoro; Caballo que no raya, que aprenda o que se vaya; Caballo que bien anda, cualquiera lo monta y manda; Caballo de crin grandote y hombre de mucho bigote, matalote; Caballo que vuela no quiere espuela.

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