El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

domingo, 14 de diciembre de 2008

Discurso inaugural de Hugo Luis Biolcati en la exposición “Nuestros Caballos”

Señoras y señores.

Todos los argentinos transitamos en estos días por incertidumbres y contradicciones, al amparo de una inercia alarmante de un Estado ausente, que parece ignorar los problemas de todos los días, para dedicarse a la retórica vacía del discurso grandilocuente.

El mundo nos ha brindado una gran oportunidad, que no pudimos aprovechar debido a la falta de visión de una política cortoplacista y proselitista de un gobierno más preocupado en las elecciones de 2009, que por construir una sociedad más sólida, justa y próspera frente a los desafíos que se nos avecinan.

Los políticos, señores, pueden pensar en las próximas elecciones, pero los gobernantes deben pensar en las próximas generaciones.

Estamos convencidos que Argentina está en condiciones de salir airosa de la debacle.

Aún tomando en cuenta las actuales turbulencias financieras, podemos aumentar nuestra participación en los mercados mundiales y posicionarnos nuevamente como un abastecedor confiable de alimentos y de energía renovable.

Todos los argentinos, nuestro sector, el resto de la economía, el Gobierno y la sociedad civil, somos responsables de alcanzar este desafío y no desaprovechar este momento histórico para la Argentina.

Sabemos que se puede. Sabemos que podemos.

El mundo podrá prescindir transitoria y obligadamente de sofisticadas superficialidades, pero no dejará de demandar alimentos, algo que podemos y sabemos hacer, abasteciendo no solo la demanda externa sino preservando también la mesa de los argentinos.

Solo falta la decisión política de elaborar en conjunto, gobierno y sociedad civil, un plan concreto, tangible.

Solo faltan un par de señales que restituyan la confianza en la inversión productiva, hoy perdida en la maraña intervencionista de una política suicida. 

La creación del Ministerio de la Producción es una señal positiva en ese sentido.

No será el Ministerio de Agricultura que un país agroindustrial como el nuestro necesita y requiere, pero es un paso adelante.

Haber puesto a Deborah Giorgi a su cargo también lo es.

Pero nada de esto tendrá sentido si no se brinda al nuevo ministerio la autonomía y el poder suficiente para diseñar políticas, analizar y encontrar solución a los múltiples problemas que han sabido crear al sector productivo. 

"Cuando acudimos a la invitación a la asunción de Giorgi, el miércoles pasado, lo hicimos bajo dos posibilidades: que dicha invitación surgiera de lo más alto del poder o que fuera una decisión personal de la Ministra, en una señal de sana autonomía. Cualquira de las dos alternativas era positiva. Hoy, tras las desafortunadas declaraciones de ayer, en las que Giorgi sostuvo que una eventual reducción de las retenciones no está bajo análisis, no nos queda duda de que su invitación fue un audaz y breve intento por mostrar una independencia de criterio, que evidentemente fue disciciplinada desde el máximo poder. La ilusión duró poco. De todas formas, nosotros seguimos dispuestos a trabajar con ella para encontrar las soluciones que el campo está esperando".

El engranaje productivo está intacto. La capacidad de hacer está probada en todas las crisis que fuimos capaces de remontar. Déjennos hacer y, esta vez en serio, en vez de gas-oil lloverá carne, leche, granos, lloverá bienestar y pleno empleo.

Esta muestra es una demostración cabal de nuestra capacidad productiva.

Todos sabemos que, en espacio y clima para la crianza de caballos nuestro país tiene ventajas comparativas sustanciales, que la capacidad y profundidad del trabajo genético de nuestros criadores transforman en condiciones competitivas ideales. Si a eso le agregamos nuestra tradicional condición de “hombres de a caballo”, podemos concluir que la exportación de equinos, en especial a la vieja Europa, es una ecuación concreta, posible y económicamente rentable, al amparo de valores de mercado para el asombro.

Los criadores argentinos tropiezan, sin embargo, con una barrera difícil de sortear: la distancia, el costo de un flete sideral para encarar la aventura de llegar.

Necesitamos una alianza estratégica con el Estado, para lograr financiar, en plazos y tasas razonables, las remesas de los primeros 3 o 4 años hasta establecer “cabecera de playa” y lograr los precios de mercado que solo se aseguran con continuidad y calidad. Así se generará, a partir de allí, un comercio multilateral fluido y permanente, a puro riesgo empresario.

Debemos contrarrestar una comercialización desleal de compras masivas de caballos generales, adquiridos en nuestro país a precios devaluados, que se trasladan en barco y luego se comercializan como “caballos argentinos”, sin garantías de ascendencia, sin identificación, casi sin sanidad.

Queremos ofrecer e imponer nuestros productos, con genealogía certificada por Registros centenarios y refrendada con la identificación indiscutible del ADN, con registros de producción, con certificación sanitaria.

SOLO FALTA LA VOLUNTAD DE HACERLO.

Señores: 

Luego de cinco ediciones, Nuestros Caballos se ha convertido en la principal exposición equina de la región.

En ella toman contacto con la actividad desde los chicos de colegio hasta los grandes compradores internacionales. Y todos obtienen respuestas a los interrogantes que los conducen aquí.

Y hoy continúa consolidándose con más expositores, más actividades y un público que crece y se renueva.

Mi más sincera felicitación y mi agradecimiento a quienes han participado en su organización.
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