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"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

domingo, 14 de septiembre de 2008

EL ESPAÑOL DIOCLES, "AS" DE LOS CIRCOS ROMANOS

El País (España) - Madrid, Spain



EL ESPAÑOL DIOCLES, "AS" DE LOS CIRCOS ROMANOS

El monumento más insigne de la epigrafía romana relativa a los juegos circenses es, sin duda alguna, el que enumera las victorias y premios obtenidos durante veinticuatros años de actividad profesional en las pistas de los circos por el "recordman" de los aurigas de todos los tiempos, por el "as" de las carreras de carros circenses, el famosísimo agitator Gaius Apuleius Diocles, héroe de las muchedumbres más apasionadas, ídolo de un pueblo que cifraba su felicidad en estas dos solas palabras: panem et circenses.

De Diocles han llegado a nosotros dos informes epigráficos; uno oriundo de Roma (es el aludido en las líneas anteriores); otro, procedente de Palestrina (antigua Praeneste). Por ambos sabemos que era español de nacimiento (natione hispanus, dice el documento de Praeneste ), y más concretamente de la Provincia Lusitania (natione hispanus lusitanus, repite y añade la lápida de Roma). El lugar preciso de su nacimiento no consta en ninguno de estos testimonios epigráficos. Pero del principal de ellos, del romano, se deduce claramente que nació hacia el año 104, es decir, en tiempo de Traianus. Del mismo epígrafe se deduce también que hacia el año 146, contando cuarenta y dos años de edad y veinticuatro de actividad deportiva, abandonó su oficio, se retiró -como decimos hoy- lleno de fama y de dinero. Había vencido 1.462 veces y había ganado tantos y tan cuantiosos premios que, en junto, sumaron nada menos que 35.863.120 sestercios, vale decir unos 600 millones de nuestra peseta de hoy día (1966).

La lápida procedente de Roma, en la que se conmemoraban las hazañas de nuestro auriga circense, debió de levantarse en el circo de Calígula, sito cerca de la actual basílica del Vaticano. Es de subrayar que en este lugar han aparecido varios monumentos más de la misma especie. Nada de extraño tiene que aquí se le erigiese el monumento que sus admiradores y colegas de oficio debieron costear en homenaje al más grande de los agitatores hasta entonces conocidos. Tampoco ha de sorprender que este monumento honorífico contuviese una enumeración detalladísima de todas y cada una de las carreras que Diocles ganó, y de todos y cada uno de los premios que tales victorias le reportaron. Era preciso levantar acta en piedra de aquellos sorprendentes y estupendos triunfos, jamás igualados; y era necesario que tal acta se alzase a la vista de todos, en el circo donde Diocles debió de correr infinidad de veces arrebatando de entusiasmo a los espectadores, arrancándoles aullidos de júbilo que irían a perderse por entre las calles desiertas y lejanas de la ciudad.

La buena suerte, que tanto favoreció a Diocles en vida, ha hecho que llegue a nosotros otro documento más de su persona, el ya aludido de Palestrina (Praeneste). Es una lápida que hace sospechar que Diocles, una vez retirado, debió de buscar descanso y paz en la cercana ciudad de Praeneste, gozando allí de lo que le quedase de aquella inmensa fortuna que sus victorias le proporcionaron y el recuerdo de sus mejores días, cuando alcanzaba la meta el primero después de una portentosa carrera contra rivales de primerísimo orden; cuando los espectadores se alzaban en pie, incapaces de contener su emoción; cuando toda la enorme cavidad del circo explotaba en un alarido de salvaje entusiasmo. Es posible que la muerte le sorprendiera en la misma Praeneste. Allí, al menos, convivían con él dos hijos suyos, un varón y una hembra, cuyos nombres da la lápida.

Volviendo a la lápida capital, la de Roma, anotemos que se perdió hace ya mucho tiempo, pero que quedó de ella una copia excelente.

El texto latino puede verse en el Corpus Inscriptionum Latinarum, vol. VI, núm. 10.048. Daremos aquí su traducción castellana, una traducción completa, que, si no yerro, es la primera que se hace en nuestra lengua. [..]

Antes de pasar al texto conviene recordar que en las carreras de carros solían tomar parte cuatro bandos o factiones, cada una con su color distintivo. Así, se citaban la factio albata, o partido blanco; la factio veneta, o facción azul; la factio prasina, o partido verde, y, finalmente, la factio russata, o facción roja. Estas factiones constituían verdaderas asociaciones o, más propiamente, verdaderas empresas en las que había enormes capitales invertidos en caballos, carros, sueldos de corredores, establos, empleados, manutención, traslado, cuidado de bestias y hombres, etc. Los aurigae o agitatores eran gentes a sueldo, verdaderos profesionales, como diríamos hoy. Los premios habían de distribuirse entre los agitatores y la empresa o factio, y aun muchas veces estas factiones no se bastaban a sí mismas, pese a la cuantía de los premios obtenidos.

Ahora pasemos a nuestra versión castellana.

C. Apuleius Diocles, agitator del bando rojo, de nación española, de la Lusitania, con cuarenta y dos años, siete meses y veintitrés días. Comenzó corriendo en la facción alba siendo cónsules Acilius Aviola y Cornelius Pansa. Su primera victoria la tuvo corriendo por el bando blanco, siendo cónsules M. Acilius Glabrio y C. Bellicius Torquatus. Comenzó a correr en la facción verde, siendo cónsules por segunda vez Torquatus Asprenas y Annius Libo. Venció por vez primera, corriendo por el bando rojo, en el consulado de Laenas Pontianus y Antonius Rufinus. Resumiendo: condujo cuádrigas durante veinticuatro años, corriendo 4.257 veces, venciendo 1.462 y de ellas 110 en carreras de honor celebradas a comienzo de la fiesta.
En carreras de un sólo carro por cada uno de los cuatro bandos, venció 1.064 veces, de ellas 92 veces en certámenes en los que se disputaban premios en dinero: Estas últimas se distribuyen así: 32 victorias en las que el premio era de 30.000 sestercios, de ellas, tres con carros tirados por seis caballos; 29 victorias en las que el premio consistió en 50.000 sestercios; de ellas, una con carros tirados por seis caballos; tres victorias con premio de 60.000 sestercios. En carreras en las que por cada facción corrían dos carros, venció 387 veces; cuatro de ellas ganando un premio de 15.000 sestercios y corriendo con carros de tres caballos.
En carreras en las que cada bando corría con tres carros, triunfó 51 veces. Obtuvo premios de varias clases en 1.462 carreras; segundos premios, 861 veces; terceros, 576 veces; cuarto, una sola vez, y con premio de mil sestercios, y no se clasificó 1.351 veces. Con el bando azul venció 10 veces; con el blanco, 91, de ellas dos con sendos premios de 30.000 sestercios. Ganó en total 35.863.120 sestercios, venciendo con carros de dos caballos que ya habían triunfado en mil o más carreras, tres veces de ellas corriendo en la facción de los blancos y dos en la de lso verdes.
Se mantuvo a la cabeza desde el comienzo hasta el fin de la carrera, venciendo al final, 815 veces; pasó del segundo lugar al primero ganando la carrera, 67 veces; fue dejado atrás, recuperando luego el primer puesto y ganando al fimal de la carrera, 36 veces...

Antonio García y Bellido Veinticinco estampas de la España antigua

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