El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

miércoles, 1 de octubre de 2008

El polideportivo más lujoso del mundo está en el desierto

Madrid, Madrid, Spain



Pistas de esquí en espacios cerrados, carreras de camellos por los que se pagan millones de euros, circuitos de velocidad, estadios, hipódromos... impulsada por la familia real de emiratos árabes, la Dubai sports city atrae a los grandes profesionales mundiales del deporte

El New CAmel Racing o 'hipódromo' de camellos.
El New CAmel Racing o 'hipódromo' de camellos.

El Ski Dubai para esquiar bajo techo.
El Ski Dubai para esquiar bajo techo.

Halcón de cetrería en el Campeonato al-Fazza
Halcón de cetrería en el Campeonato al-Fazza

Circuito de Dubai Sports City.
Circuito de Dubai Sports City.

Por Ed Zuckerman; Fotografías de Lars Tunbjork


Llevan inoculada en la sangre la pasión por la competición. Sueñan con organizar los mejores eventos deportivos del mundo y disfrutar de las grandes estrellas de cada disciplina. Ungidos por los petrodólares, la fiebre deportiva enloquece a los jeques de los Emiratos Árabes Unidos.

Y parece sólo el comienzo. Los gestores de la Dubai Sports City –un enorme complejo deportivo que se levanta en la actualidad en esta megalópolis del Golfo Pérsico– tienen un lema muy claro: «Nuestro empeño en proporcionar lo mejor que esté a nuestro alcance y en recurrir sólo a lo más exclusivo se confirma en todo aquello que hacemos», declara Khalid Abdulrahim Mohammed al-Zarooni, un destacado empresario de Dubai, licenciado por la Universidad de Nebraska, (EEUU), que es presidente de este colosal recinto.

Sobre unos terrenos de más de 4.500.000 metros cuadrados y un presupuesto de ?.430 millones de euros, se ultima un estadio de cricket para 25.000 espectadores, el más moderno del mundo; otro estadio, con un aforo de 60.000 asientos, para fútbol y rugby; un recinto cubierto para hockey sobre hielo y conciertos; un campo de hockey sobre hierba; una academia de tenis y una escuela de fútbol del Manchester United. Hablando de Inglaterra, la familia real de Abu Dabi –la saga Al Nahyan– ha revolucionado la Premier League a golpe de chequera. Ha comprado el Manchester City y amenaza con robar las estrellas a los equipos rivales.

Porque en Dubai adoran a los astros del deporte. Les pagan fortunas para que exhiban su talento y den magisterio. El campo de golf del Els Club está bajo la supervisión del mítico golfista Ernie Els. A su alrededor están en construcción más de 900 chalés y adosados –«una de las urbanizaciones más lujosas y mejor equipadas del mundo»–, según la publicidad, que se espera que se vendan a residentes occidentales y, como casas de vacaciones a compradores acaudalados de Oriente Próximo (Irán está a menos de 200 kilómetros de distancia). Están previstas más viviendas para albergar a 65.000 personas, un hospital especializado en medicina deportiva y un centro comercial con 230 tiendas.

Aun así, todo ello no hace de la Dubai Sports City más que un proyecto francamente modesto para lo que se estila en esos lares. A fin de cuentas, no es más que una parte de un proyecto todavía más ambicioso, una urbanización bautizada con el nombre de Dubailand, que incluirá asimismo la Motor City (Ciudad del Motor), la Dubai Lifestyle City (Ciudad del Estilo de Vida de Dubai), el Islamic Culture and Science World (Mundo Científico y Cultural Islámico) y una zona residencial caracterizada de manera inconfundible con reproducciones de la Torre Eiffel, el Taj Mahal y la torre inclinada de Pisa. Con el tiempo, se sumará el Burj Dubai, el edificio más alto del mundo, con un total de 8?8 metros de altura.

El sueño del jeque.

La nueva urbe nace de la imaginación de su alteza Sheik Mohammad Bin Rashid al-Maktoum, vicepresidente y primer ministro de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y mandamás de Dubai. El jeque Mohammad sueña con emplear los miles de millones de dólares procedentes del petróleo de su pequeño país en hacer de él un cruce entre Singapur, Miami Beach y Las Vegas... antes de que el oro negro se agote. Construir lo más grande y lo mejor de todo significa que este lugar se esté convirtiendo en algo así como la meca del deporte mundial.

A finales de enero, se corrió a lo largo del tramo de costa del Golfo Pérsico perteneciente a Dubai la maratón mejor dotada del mundo. Y aquí se celebra la carrera de caballos mejor pagada (la Dubai World Cup, siete pruebas con ?5,5 millones de euros en juego). Además, en el futuro hipódromo de Meydan cabrán 60.000 personas, habrá un hotel de cinco estrellas, ?0 restaurantes, museo y embarcadero a pie de pista.

El año que viene se celebrará la primera edición del campeonato de golf con más premios del mundo, digno broche al Dubai Desert Classic, que se celebra con carácter anual y que Tiger Woods ha ganado dos veces. Tiger está construyendo, precisamente en Dubailand, el primer campo de golf con su nombre. «Con un alcance potencial de 2.000 millones de espectadores, en una zona dentro de un radio de cuatro horas de vuelo... los EAU se encuentran geográficamente en una ubicación ideal para ser un gran centro de acontecimientos deportivos», explica la publicidad de la Dubai Sports City.

Hay planes para albergar un gran acontecimiento anual que sea «el no va más» en cada uno de estos seis deportes: fútbol, rugby, tenis, golf, hockey sobre hierba y cricket. Para los inversores y los clientes hay un gran acicate fiscal: en Dubai no se pagan impuestos. Más atractivos: playas de arenas blancas, media docena de campos de golf recién construidos, un circuito automovilístico para carreras de grandes premios, restaurantes de chefs renombrados, hoteles disparatadamente lujosos, balnearios, discotecas exentas de la norma islámica que prohíbe las bebidas alcohólicas…

Nieve y pingüinos.

Si el calor aprieta, nada mejor que Ski Dubai, una montaña esquiable de 396 metros de longitud bajo techo. Se pagan ?50 dirhams (unos 25,50 euros, más o menos) por dos horas. No es una colina ridícula y mal resuelta; la nieve es polvo compacto y no hay viento. Se publicita como la primera pista cubierta del mundo clasificada como negra (gran nivel de dificultad). Y Dubailand tiene en proyecto una cúpula para esquí cubierto con una pista circular y una pequeña cadena de montañas artificiales. Y además pondrán pingüinos.

A las afueras de la ciudad –y con una temperatura bastante superior–, se celebra el al-Fazza Falcon Hunting Championship (Campeonato al-Fazza de Cetrería). Los hombres (más algunos niños, pero ni una sola mujer) que concurren a la cita son todos dubaitíes. Y eso que los originarios del emirato representan menos del 20% del ?.400.000 habitantes que viven en Dubai.

En su mayor parte, eran halconeros al servicio de algunos miembros de la familia en el poder, que se toman extremadamente en serio el arte de la cetrería (cuando el presidente George W. Bush visitó el emirato, se dejó fotografiar con un halcón real en el brazo) y que son los propietarios de un porcentaje considerable de las aves que participaban en la competición. Una de ellas, de nombre Barraqy, es un cruce de halcón sacre y halcón peregrino con una feroz mirada diabólica. Barraqy tiene pasaporte (sic). El documento identificaba al propietario como H. H. Shk. Mohammad R. al-Maktoum, es decir, su alteza el jeque Mohammad R. al-Maktoum. El ave está valorada en ?50.000 dirhams (alrededor de 25.500 euros). Mariam Hampel, una veterinaria alemana que se encontraba presente en el campeonato, reveló que trabajaba en la clínica privada, especializada en halcones, del jeque Mohammad, donde pasa consulta a unos 30 o 40 pájaros al día. «Son unos animales muy sensibles a las enfermedades por hongos y a los parásitos. Además, sufren fracturas de huesos», explica.

Martina Navratilova –?8 Grand Slam de tenis en su haber– está sentada en primera fila durante la rueda de prensa para presentar la Dubai Sports City. Acude para apoyar a su buen amigo Ernie Els (el cuarto mejor jugador de golf del mundo), que ha venido a presidir la solemne inauguración del campo de golf que lleva su nombre, el Els Club. Diseñado por él mismo, se trata de la primera instalación deportiva cuya construcción se ha completado en la Dubai Sports City. Els, que viste unos pantalones de color azul marino y una camisa de golf azul pálido, toma asiento en el estrado flanqueado por dos dubaitíes vestidos con dishdasha, tradicional túnica árabe. Explica que siente una emoción especial al estar aquí. «Llevo viniendo desde ?993 y siempre había querido construir algo en Dubai», confiesa. El aspecto del campo es deslumbrante: un césped de un color verde intenso resalta sobre la arena de color castaño claro. Para mantenerlo, está literalmente acribillado con 2.256 aspersores capaces de rociar más de siete millones y medio de litros de agua cada 12 horas.

Martina Navratilova, que podría entrar a formar parte de la nueva academia de tenis que se va a montar aquí, se ha puesto a dar algunos pelotazos en la cancha de entrenamiento. Enseguida se le unen los demás deportistas invitados de honor; se trata del ex guardameta danés de fútbol Peter Schmeichel, del jugador de cricket Andrew Flintoff y de la estrella sudafricana de rugby John Smit.

«Purasangres».

Pero las verdaderas estrellas en Dubai tienen joroba y no piden nada raro de beber: son los camellos de carreras. Y la New Camel Racing City es el recinto perfecto para que galopen. Las carreras de camellos, como la cetrería, son realmente los deportes nacionales y gozan del favor de las clases privilegiadas. El desaparecido jeque Zayed bin Sultan al-Nahyan, ex presidente del país, mantenía un formidable establo de camellos de carreras y se dice que el actual gobernante de Dubai, el jeque Mohammad, también es propietario de cientos de carísimos ejemplares. Los animales valen más que una villa de lujo. Se pondera su velocidad, pero también su belleza. Mabrukan se convirtió en el camello más caro de toda la zona al ser vendido por casi tres millones de euros en el Concurso de Muzayna (belleza) de Camellos que se desarrolla desde principios de abril en los Emiratos Árabes Unidos. Sus hermosos ojos, cuello, labios, pies y color de pelo fueron los factores que definieron su estratosférico precio final.

¿Cómo se hace posible atraer a inaccesibles astros? ¿Cómo se consigue que unos atletas tan eminentes tomen parte en la Dubai Sports City? Al-Zarooni responde en un inglés perfecto, al tiempo que esboza una sonrisa: «Hay que poner el azúcar y ya vendrán las hormigas».

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