El desafío para la Industria del Caballo en la Argentina es nuevamente
"Trabajar en forma INTEGRADA, HACIENDO QUE LAS COSAS PASEN"
Este año ¿lo lograremos?
Mario López Oliva

lunes, 2 de febrero de 2009

Riñas de gallos: una tradición que enfrenta a argentinos y brasileños

TerritorioDigital.com - Misiones,Argentina

En Posadas habría unos 5 riñaderos y en la Argentina se calcula funcionarían unos 600

:: El allanamiento policial a comienzo de mes, desató la polémica. La antigua actividad entre la tradición, lo ilegal y las sospechas de apuestas previas. En Misiones no hay razas de calidad, las cruzas son lo más importante

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Aves de combate. Tras estar en custodia policial, ahora los gallos de buena cruza están resguardados en El Refugio. [Foto:Sixto Fariña]
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El comienzo. Luchadores por naturaleza, no hace falta enojarlos mucho. [Foto:Sixto Fariña]
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En guardia. Los gladiadores emplumados se asustan y enfrentan lo que sea. [Foto:Sixto Fariña]
Posadas. Personas honorables y funcionarios debieron responder a la Policía qué hacían mezclados con 42 gallos preparados para pelear entre sí en dos rings construidos para la ocasión, en un precario galpón de Itaembé Miní. Era el mediodía del domingo 11 de este mes y además de poner en condiciones a los gallos, los casi 50 participantes estaban preparándose para degustar de un fenomenal asado, rociado de mucho y buen vino.
Pero el allanamiento imprevisto frenó lo que para todos era un capítulo más de una tradición tan vieja como la existencia de la humanidad, según las voces de los propios galleros que defienden la actividad y rechazan con indignación la intervención de la Policía, como al parecer, nunca antes había pasado en Posadas como en el interior de la provincia.
Y los apasionados presentes en el galpón quedaron demorados y los 42 gallos estuvieron, al menos, una semana bajo custodia policial en sus jaulas de madera en el galpón, ya vacío de gritos enfervorizados y alientos para uno u otro gallo valiente y agresivo.
Varios galleros desde entonces, se quedaron sin su costumbre de años, sin poder intercambiar las miles de historias que generan las riñas de gallos y sobre todo, los propietarios de los plumíferos se quedaron sin sus animales. Ahora, los 42 gladiadores de dos patas están encerrados en jaulas de alambre y cartones, en El Refugio, la asociación protectora que alberga a decenas de perros.
Ramón Gudiño se presenta como un viejo gallero. Que incluso tuvo animales de su propiedad y que el fatídico domingo en Itaembé, se retiró 10 minutos antes de que llegara la Policía. Quizás, el olfato de la experiencia lo movilizó para retirarse antes del final de la jornada.
“Esto no es nuevo, es un deporte milenario que en la actualidad tiene mucho prejuicio, principalmente de un sector de la sociedad moderna, que malinterpreta esta actividad”, asegura el misionero que también es integrante del Centro de Patrones y Oficiales Fluviales de Pesca y Cabotaje Marítimo.
El gallero por excelencia, resalta además que existe una gran rivalidad entre argentinos y brasileños por imponer la supremacía de las combativas aves, tal como sucede con el fútbol, especialmente en Misiones por estar tan cerca de quienes décadas atrás, fueron los impulsores al parecer de lo que ahora despertó la polémica. Si esta práctica es legal o se trata de una crueldad de animales.

Los reñideros y ¿las apuestas?
En la Argentina existirían alrededor de 600 reñideros de gallos y en varias provincias son admitidos como por ejemplo en Santiago del Estero y Salta. En Misiones existe el decreto número 683, firmado por el entonces gobernador Ramón Puerta, que señala la liberación de todos los juegos que forman parte de la tradición argentina como la taba, el truco y las carreras de caballos.
Claro, que no debe confundirse la tradición con las apuestas. Las apuestas clandestinas sí son consideradas ilegales. En el allanamiento de Itaembé, según comunicó luego la Policía, nada encontraron que pudiera establecer que allí se apostaba por cada combate entre los gallos.
Gudiño, el experimentado, dijo desconocer que en cada encuentro se realizaran apuestas de por medio y hasta dijo que las peleas tenían solamente como final, la entrega de un trofeo al ganador de la contienda en general.
Y en Brasil, también se destacan los argentinos, acentuando la rivalidad entre los propietarios en busca de la mejor raza y el mejor ejemplar de los gallos.
En Posadas, se cree, habría al menos cinco centros más en donde se los enfrentan, pero varios galleros locales dijeron desconocerlo. Claro, que tras la redada del pasado domingo 11, es probable que esos centros suspendieran toda actividad hasta que pase la tormenta.
Otras fuentes consultadas, aseguraron que en la actualidad, otro reñidero concurrido, estaría funcionando en Villa Lanús y que las apuestas, naturalmente, no se hacen en el mismo lugar de las peleas, sino que se establecen mucho antes, quizás por teléfono o personalmente y de palabra, pero siempre lejos de donde todo el mundo cree, corre dinero a toneladas y que se paga a los ganadores en el mismo escenario en el que uno de los gallos quedó maltrecho.

Aficionados y su búsqueda
El aficionado de los gallos de pelea, en su afán de siempre conseguir lo mejor, procura sistemáticamente cruzar los reproductores que más sobresalen en las riñas con las mejores gallinas. Pero antes que nada, es preciso que se verifique si hay identidad entre gallo y gallina, esto es, que cada lado posea semejanzas en la manera de luchar, lanzar golpes, de rebatir y ser “bueno de boca”.
En Misiones, lo importante pasa, precisamente, por la cruza y ese trabajo o dedicación, se la denomina “La Liga”, por el hecho de “ligar entre sí a las aves”.
Según los galleros, en la provincia no existen los gallos de pedigrí, aunque sí dijeron que existen muchas razas finas producto de las cruzas variadas.
Claro, que no habiendo esa semejanza, la prole tiende para una diversidad en el estilo de lucha, en la agresividad, capacidad de herir, velocidad y otras virtudes propias del gallo combatiente. Dicen entonces, que feliz del gallista que consiguiese un porcentual razonable de pollos buenos y con las mismas excepcionales cualidades de los padres. En esos casos, el cruzamiento deberá ser repetido varias veces.
Los galleros aseguran que el exceso de cruzamientos aleatorios en procura de lo mejor, de lo espectacular, fue muchas veces la causa de la ruina y destrucción de muchos linajes.
El mejor método, según se indica en el manual de esta actividad, será cruzar el gallo con unas cincos gallinas de confianza y verificar cuál de ellas proporciona la prole más homogénea, donde las condiciones combativas del padre sean las más visibles. Así, identificado el cruzamiento ideal, se procura mantener a toda costa la sangre en el plantel.
La consanguinidad da más garantía pero a su vez exige una selección de reproductores más rigurosa y objetiva.

Las peleas
Casi todas las peleas duran promedio 15 minutos. De no suceder, el combate se suspende por cinco minutos para el descanso de los animales. En el caso de que los gladiadores emplumados sigan de pie tras otros 15 minutos, se vuelve al período de suspiro y rélax. Pero los galleros cumplen con lo estipulado y de pasar esa misma situación otras veces más, en el caso de que cumpla una hora de pelea, se para la riña y se establece empate.
Las peleas se realizan en rings redondos, algunos construidos con ladrillos y cemento, otros más precarios con bolsas o otros elementos que permitan separar a los gallos del público sin el riesgo que se escapen.
Son como gladiadores en el Coliseo de Roma y hasta en los reñideros hay tribunas para que los participantes disfruten mejor del espectáculo.
El gallo Toro es el más conocido en Misiones, al menos por lo que aseguran los expertos, quienes desde hace más de 20 años participan de lo que denominan una tradición argentina y lejos está de ser una práctica sangrienta, pero que, evidentemente, el rumor o la afirmación por lo bajo respecto a las fuertes apuestas entre gente adinerada, la pone en el medio de una polémica y el rechazo de gran parte de la sociedad.
Para los galleros, desde que nace “el gallo es separado del resto ya que, naturalmente, tiende a pelearse con el grupo. El gallo no puede estar con otro bicho en el gallinero por que lo lastima todo”. Y para que el animal resista, durante dos años hay que brindarle cuidado especial, para que llegue en buenas condiciones físicas al día del gran combate.

Encerrados y estresados
Tras el increíble allanamiento y posterior custodia de los gallos en el mismo lugar de la riña, los animales ahora están en improvisadas jaulas en un terreno en el cual hay alrededor de 50 perros, aunque bien alejados de los cuadrúpedos. Las jaulas fueron dividas con cartones para que no se vean y empiecen a pelearse rejas de por medio. Muchos de ellos legaron con lastimaduras de distinta consideración y hasta algunos con heridas en los ojos y picos. Las peleas habrán sido duras, tanto como las peleas de gauchos guapos y sin miedo a la muerte. Ahora, se recuperan lentamente, aunque lejos de sus propietarios y con la naturaleza combativa retenida.


El dato
15
minutos promedio es la duración de cada combate y si llega a la hora, se declara un empate.


De un seguro sacrificio a hijos guapos
En 1954 prohibieron las riñas de gallos en la Argentina, pero en la clandestinidad esta actividad milenaria atrae a miles de personas que tienen como distracción estas luchas entre aves violentas por naturaleza. Y así como sobrevive la actividad pese a su prohibición, hay cientos de historias escritas por los propios galleros o los fanáticos de estos enfrentamientos en largas jornadas entre asado y vino.
Uno de esos galleros recibió la visita de varios colegas que se acercaron para conocer su flamante adquisición. Entre ellos, no faltó quien sembrara la cizaña de la duda sobre las razones que le dio el criador brasileño para que no lo peleara. Fue así que para terminar con las incertidumbres propias y ajenas, decidió prepararlo y reñirlo.
Todo fue mal. Tras perder el gallo su riña, a pesar de mostrar gran valentía, en los meses siguientes fue recluido en un jaulón sin que su propietario tomara una decisión sobre su futuro.
Uno de los peones del desilusionado gallero, como percibiendo la nobleza del animal, le pide permiso para sacarle una cría y el patrón no tuvo ningún tipo de impedimentos. Y grande fue la sorpresa cuando llegó el momento de probar a sus hijos, uno mejor que otro, guapos, agresivos, heridores…
Entonces, el patrón supo entonces cuánta razón tenía su criador y de cuán tonto había sido al darles la razón a los comentarios de los metidos de siempre. Sobre todo, porque no hubo que sacrificarlo.
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